EN LA CALLE Ferraz se patina de gozo. Las encuestas empiezan a decir que el efecto Zapatero se consolida, y que ya no es del todo imposible ganar las elecciones del 2004. Y eso le hace pensar a Rodríguez Zapatero que su estrategia fue buena, y que se puede llegar a la Moncloa sin arriesgar nada, siguiendo los dictados del Gobierno en los temas difíciles, llamados ahora de Estado , y manteniéndose al rebufo de los errores del poder, a lo que ahora se le dice oposición responsable . También José Blanco, el primero del shadow cabinet socialista, empieza a reclamar honores de gran estratega (el Guerra gallego, le llaman en Sanxenxo), mientras se imagina paseando palmito de vicepresidente -con Mercedes y escolta- por el verano de Lugo. Pero, ¿es eso lo que dice la encuesta del CIS? Mi opinión es que los números no dan para tanta euforia, y que todo sigue preso por cuatro alfileres que tanto pueden doblar la bastilla hacia el PSOE como hacia el PP. Lo que dice la encuesta es que la gente ya sabe que Aznar se retira, y que no vale la pena tener por referente a un señor que está más preocupado por escribir su biografía que por gobernar. Por eso baja Aznar (4,8) y sube Mariano Rajoy (5,2) -¡ese es el dato!-, y por eso resulta tan difícil explicar por qué Zapatero se sigue midiendo con el fantasma de Aznar (5,1 frente a 4,8), mientras ningunea a ese par de vicepresidentes (también Rato aguanta el tirón) que despuntan en la sucesión. La encuesta del CIS también enseña el plumero de los españoles. Porque todo indica que, para castigar algunas políticas de Aznar con las que estamos de acuerdo y en desacuerdo al mismo tiempo (Europa, Magreb, terrorismo, decretazo...) le damos pábulo a una oposición que le secundó ciegamente en todo lo importante (36,8%), mientras seguimos advirtiendo que, si votásemos hoy, en medio de la mayor crisis del PP, seguiría gobernando la derecha (41%). El mensaje más claro de esta encuesta es que la sucesión está demasiado abierta, que su indefinición la está envenenando, y que el propio Aznar empieza a perder su auctoritas al albur de sus arriesgadas políticas y reformas de última hora. Y por eso me temo que, si todo le sale bien, aún habrá muchos electores que muestren su agradecimiento a la potente iniciativa del PP, mientras que, si todo acaba mal, quizá se limiten a recordarle al PSOE que hizo de monaguillo en todo el ceremonial. ¿Y qué pasa si la sucesión no se aclara y Rajoy se quema deambulando por tierras de nadie? Pues en ese caso, sólo en ese caso, veremos a Pepe Blanco de vicepresidente. O eso dice, al menos, la siempre dúctil y maleable encuesta del CIS.