EN 1970 los municipios gallegos con menos de 5.000 habitantes eran 152 (48,5% del total), pero sólo 21 (6,7%) tenían menos de 2.000. En la actualidad, esas cifras se modificaron profundamente: los municipios con población inferior a 5.000 habitantes son ya 193 (61,2%) y 80 de ellos (25,4%) tienen menos de 2.000. Los municipios con población inferior a 1.000 habitantes pasaron de 2 a 15 en ese tiempo. Por el contrario, las siete ciudades gallegas (observe el lector que no añadimos el calificativo de grandes) absorbían en 1970 una población de 732.088 personas (28,3% del total), alcanzando ahora la cifra de 974.260 (35,6%). Si a las ciudades les sumamos los municipios urbanos que integran el segundo escalón (los comprendidos entre 20.000 y 50.000 habitantes), la cifra agregada pasa de 872.557 a 1.284.966. Así, 19 municipios (6%) absorben ya el 47% de la población gallega. Asistimos a un proceso demográfico imparable que presenta además una aceleración creciente. Como la ola de la Jurado. Despoblación y envejecimiento conviven con regiones urbanas prósperas que se desarrollan en el litoral y al calor de las ciudades. Además, los cambios tecnológicos, la globalización, las exigencias crecientes de trabajo cualificado y las reclamaciones constantes para que los municipios tengan más competencias agravan la situación. Pero todo ello afecta a la ordenación del territorio, a la prestación de servicios locales y a la propia estructura del sector público local gallego. Sin duda alguna estamos ante un proceso difícil, complejo, que agrieta al país. ¿Qué hacen los poderes públicos para afrontar, corregir o resolver la situación? Lamentablemente poco o muy poco. La Fegamp no estudia, la Xunta calla y el Parlamento no debate estas cuestiones. Existen de vez en cuando ciertas iniciativas locales que van desde la fractura institucional a la creación de entes diversos. Son impulsos legítimos, de ambición y recorrido corto, pero ajenos a la lógica y a los intereses del conjunto. ¿Cómo llevar a cabo en estas condiciones el Pacto Local? En principio parece un imposible, a no ser que triunfe una vez más la improvisación, la chapuza o se generen municipios de primera, segunda y tercera división. Si en estos momentos buena parte de los municipios gallegos son incapaces de prestar los servicios mínimos de carácter obligatorio, ¿cómo ampliar su nivel de competencias?, ¿creando más mancomunidades?, ¿estableciendo un nuevo tipo de comarca?, ¿fusionando municipios? ¿otorgando a las diputaciones provinciales un protagonismo político de difícil justificación? Atención a lo que se avecina, porque la ola avanza y puede hacer mucho daño.