RINCÓN DEL VIENTO
11 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.LES HABLABA el otro día del malévolo médico de Napoleón, monsieur Corvisart, con aquello de los hijos a edades tardías. En realidad, todo venía de haber leído la noticia de que un «anciano» de 60 años había sido atropellado por un automóvil. Ante todo esto, me parece obligada una reivindicación del tenebroso tránsito de la madurez a la vejez. Los soldados romanos que habían cumplido veinte años de servicio alcanzaban el nombre de veteranus y, con ello, ventajas especiales, incluso la concesión de tierras. Toda una esperanza, pues. Y semejante tratamiento favorable se otorgaba también a los viejos caballos guerreros que, inútiles ya para la batalla, eran destinados a la tarea más liviana de transportar materiales. Se les daba el nombre de veterinus , de donde, por cierto, viene el término veterinario. Algo de esto podríamos reivindicar quienes andamos por la cincuentena. No tierras ni prebendas, pero sí, al menos, un digno status veterani , sin impetuosos atropellos a codazos.