ASÍ SE LO DIJO Cristo a Judas a los postres de la Última Cena: «lo que vas a hacer, hazlo pronto». Y así se lo debemos exigir los españoles al Gobierno, al Fiscal General y a la inmensa mayoría parlamentaria que está de acuerdo en que la gran prioridad de la política española es la ilegalización de Batasuna. A la luz de los últimos atentados, en Santa Pola y Torrevieja, y vista también la forma nerviosa en que estamos reaccionando, creo que valdría la pena pensarlo mejor y con la cabeza más fría. Pero si ya existe una decisión firme, y si estamos dispuestos a pasar por encima de todo, es mejor empezar y acabar este proceso cuanto antes, sin dejar que ETA se convierta, al igual que todos los veranos, en clave de todas las agendas, centro de todos los debates, tinte de todas las políticas y página de apertura de todos los telediarios. El desvío de la estrategia antiterrorista de ETA a Batasuna está actuando como un señuelo político que impide el correcto análisis de los hechos y bloquea las iniciativas que serían necesarias para avanzar en el difícil camino de la paz de España y la normalización de Euskadi. Y por eso es necesario acabar cuanto antes con este gesto populista que arremolina en torno a sí todos los sentimientos primarios despertados por la violencia asesina de ETA, para después hacer, si nos dejan, política de la grande. Claro que el propio camino de la ilegalización aparece lleno de trampas saduceas, y con la amenaza de un proceso lleno de dudas y bochornos. En él tendremos que ver, por ejemplo, como explica el Fiscal General su convicción de que el votar no, o abstenerse, en una proposición formalmente explicitada en el seno de una corporación democrática, puede constituir un delito. Y tendremos que tomar conciencia de que somos la única democracia del mundo en la que se ponen a votación cosas de las que nadie puede discrepar, so pena de convertir su papeleta en prueba de cargo para un proceso de exclusión política. Pero esa ya es una guerra perdida, y casi no quedan jueces, ni analistas, ni juristas, ni políticos, ni gente corriente que sean capaces de reflexionar con serenidad, finura y equidad sobre este lío maldito en el que nos están metiendo, sin que nos demos cuenta, con la diabólica cadencia de sus bombas asesinas. Y por eso es mejor hacer un corte limpio en esta maraña colectiva de la ilegalización de Batasuna. Sin finuras, utilizando la mayoría para tirar por el medio, y supliendo con unanimidades lo que no da de sí el argumentario jurídico. Porque, cuanto antes acabemos con este cirio, antes podremos rectificarlo y hacer las cosas con cabeza. A ver si metemos el cuerno, por fin, donde de verdad nos torean.