El mundo antes de Benicassim

BLANCA RIESTRA

OPINIÓN

24 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EN EL PROGRAMA veraniego El mundo antes de Benicassim de Radio Tres volví a escuchar a Derribos Arias. Fue un grupo legendario de la Nueva Ola, que obtuvo el trofeo de rock Villa de Madrid en 1982. Yo no sé lo que era Derribos: tecno avant la lettre y rock y pop y poesía pura, humorística y fantasmal. Tiempos gloriosos perdidos para siempre, sin botellón ni Operación Triunfo . Hoy nos obsequiaron con Disneylandia de los Burros y con El tardón de Pata Negra, estupenda de frescura y de guasa blusera. Pero la nostalgia es inútil y mentirosa. La nostalgia es un deporte estúpido. Radio Tres. Recuerdo, como ha contado mi contemporáneo Juan Bonilla, haber asistido al 23-F y al nacimiento de la movida a través del transistor del cuarto de mi hermana. Yo volvía del colegio con doce años y uniforme, cogía mi bocata y me sentaba sobre su cama. Mi hermana Teresa, que estudiaba arquitectura en A Zapateira, dibujaba planos escuchando a Jesús Ordovás. A los trece años descubrí, gracias a ella, la existencia de los Smiths, de Golpes Bajos, a Kaka de Luxe y a Parálisis Permanente. Alaska era una niña delgaducha, quería ser santa. Lo recuerdo. Aquí vivíamos «tras el telón de grelos», era la época de la legendaria revista coruñesa La Naval , del Vigo de Aerolíneas y de matar hip-pies en las Cíes. Crecí escuchando en la distancia aquella música asombrosa que nos animaba a ser siniestros, música humorística, contracultural, experimental, minoritaria. La TVG estaba en pañales. Recuerdo el impacto de la gamberrísima serie Composteláns donde Toñito Blanco -un poeta y un gentleman-, Antón Losada y Equis Bermúdez reinventaron, sin un duro, una Compostela estudiantil desaforada y tronchante. Sigo escuchando Radio Tres. Trabajo todo el día en casa, delante del ordenador, con los pies en alto, mientras las voces de hace veinte años desgranan pronósticos, descubrimientos, sentimientos intestinos, la creatividad de la calle. Siguen siendo malos tiempos para la lírica. Y quizás eso ni siquiera sea malo. Es previsible.