CLEMENCEAU era un político sagaz, agresivo y despiadado en sus decisiones. Por eso le llamaban el Tigre . Oyendo el debate de hace días sobre el estado de la nación, me preguntaba yo qué habría ocurrido si Clemenceau anduviese por allí. Pienso que la oratoria aburrida y plana hubiera caído fulminada. Pero en nuestro Parlamento no existen personajes así y hasta celebramos como brillante una retahíla de ocurrencias que Zapatero fue capaz de articular. Quizá sea el clima político actual, proclive al buen corazón y la amable componenda. Pero a buena hora un Clemenceau en la oposición hubiera permitido que se sustrajese al debate el drama del terrorismo o el contencioso del Perejil. Se cuenta que una vez debutaba en la Cámara un joven político, que hizo inesperadamente un muy buen discurso. Clemenceau le felicitó: «Dejad que os estreche sobre mi corazón», dijo. Ante lo que el debutante respondió: «No, eso no, que me da miedo el vacío». Clemenceau le hizo inmediatamente ministro.