OCASIÓN PERDIDA

OPINIÓN

Rodríguez Zapatero ha estado sublime, a decir de sus seguidores. José María Aznar, magistral, según sus admiradores y medios afines. Se ve que tenían escasa confianza en sus líderes. Y es que todos han quedado satisfechos del debate porque comprobaron su extraordinaria capacidad para el embaucamiento. Pero la bipolarización en las intervenciones de Zapatero y Aznar, ha ocultado otras que, por recientes acontecimientos, no fueron menos trascendentales. Es el caso de Iñaki Anasagati, que hizo una de las más lúcidas y clarificadoras de cuantas planteó en los últimos años. En realidad Anasagasti no hizo más que exponer lo que muchos ya sabíamos. Que el enemigo es ETA. Que hay que contar con los nacionalistas para solucionar el problema vasco. Que es un error aislar, marginar y bloquear a ese nacionalismo democrático. Y lanzó un ofrecimiento: 90 días de distensión, diálogo y negociación. Ha sido una excelente oportunidad para cambiar el rumbo. Pero ha sido una oportunidad perdida. Porque Aznar sigue empeñado en la «lealtad institucional cotidiana». Que es algo así como la entrega incondicional. La rendición absoluta. Y ni los nacionalistas vascos, ni nadie con sentido común y un mínimo de orgullo, aceptará. Nunca como ahora estuvieron tal alejadas las posturas de quienes tienen que asumir la responsabilidad y la obligación de permanecer unidos para batir al único enemigo, el terrorismo. Por eso hay que lamentar la ocasión perdida. La de dejar de conversar a través de las páginas de los periódicos. La ocasión de mirarse a los ojos y decir lo que se piensa. Los que gustan de los chistes conocerán el que se cuenta de aquel borracho que cuando le preguntaron por qué buscaba las llaves debajo de la farola si las había perdido en el otro extremo de la calle, respondió que porque allí había más luz. Eso le ocurre a Aznar. No le importa dónde estén las llaves. Las sigue buscando en un lugar equivocado. Obstinado. Y empecinado.