GALLARDÓN

VIRIATO

OPINIÓN

La designación de Ruiz Gallardón como candidato del PP para la alcaldía de Madrid ha dejado descompuesta a Trinidad Jiménez, la pretendiente a la misma poltrona por el PSOE, hasta el punto de descubrirnos su inocencia en política con la frase: «No he visto nada igual en mi vida. Es como si Fraga se presentara a la alcaldía de La Coruña por decisión del presidente del Gobierno». Gallardón es una máquina de ganar elecciones y la reserva del PP para la presidencia del Gobierno a la vuelta de seis años. Ha dejado impronta en Madrid por su punta populista y sus obras emblemáticas. La más importante, el Metro. En cuatro años dobló la red y en otros cuatro la ha llevado a las ciudades dormitorio del cinturón sur, extendiendo fuera de los límites de la capital el más eficaz transporte público local que se haya inventado y marcando el camino para seguir horadando la tierra con la tuneladora La Chata hasta los confines de la comunidad. Gallardón ha anunciado que hará de Madrid «el espacio y la ciudad que el siglo XXI necesita». Y no le falta razón. Los doce años de Álvarez del Manzano no han supuesto ningún hito arquitectónico, ninguna revolución urbanística, ningún símbolo nuevo. Lo contrario de lo que pretenderá el nuevo candidato, con la Olimpiada del 2012 como objetivo y al que tampoco le faltarán redaños para cortar la impunidad de la doble fila, de la carga y descarga a cualquier hora y de las pintadas. Los tres azotes de Madrid. Gallardón no ha tenido oposición en esta legislatura, tras dejar el primer día sentada y callada en el escaño a Cristina Almeida, el gran fracaso de la política regional del PSOE. Aznar quiere mantener la emblemática alcaldía de Madrid, mucho más importante que la comunidad y que varios ministerios, consciente de que la imagen de Manzano se despeña y que la candidata del PSOE ha despertado ilusión en un amplio sector del electorado. La campaña para la capital del reino promete interés. ¡Ya era hora!