Si Aznar tenía alguna duda de producir una crisis de Gobierno en profundidad se la han despejado los sondeos, que avanzaban unos resultados excelentes para el PSOE en 2003. Los sondeos han sido -además- el detonante de la primera crisis interna visible del PP, desatada por Álvarez-Cascos, que sale ganador por partida doble. De una parte, Arenas, su adversario, vuelve al Gobierno, soltando el control del aparato de Génova, y, un histórico de AP, Ruiz-Gallardón, competirá por la Alcaldía de Madrid. La causa que ha llevado a Aznar a precipitar la crisis está en un Debate de la Nación que iba a celebrarse en un escenario muy desfavorable. Así, ha dado un golpe de efecto -emulando otros de González en situación similar- para cambiarle el guión al líder del PSOE, Rodríguez-Zapatero. Además de Arenas, el presidente coloca en el Gobierno a otro peso pesado de la política, Eduardo Zaplana, que deja en horfandad -un error de manual, por cierto- el flanco autonómico de Valencia. El cambio de Gobierno será jaleado por la opinión pública, pero no servirá para enderezar el rumbo de un PP en horas bajas si el presidente Aznar no está en condiciones de cambiar la política del Ejecutivo y su actitud arrogante, causa principal del ascenso del PSOE, que ya se ve como alternativa.