Coincidiendo con los primeros calores, se han producido rebrotes de ebullición libidinosa en la cartelera teatral de Madrid. Quizá sea una casualidad, aunque también cabría suponer que los, sin duda, inteligentes empresarios teatrales han percibido que el público necesitaba algo de cachondeo para llenar el vacío que produce una realidad un tanto jodida por la huelga, la declaración de la renta, los exámenes, la delincuencia y tantos otros alicientes del momento. ¡Maldito junio! Cinco títulos de obras teatrales reclaman, sin eufemismos, la atención del público madrileños. Maricas y bollos a escena , Los monólogos de la vagina , 23 centímetros , Pajas, (la mano amiga) y la guinda de todos ellos: Siete historias cómico-sexuales para cuatro pollas y dos coños ... Así de fino. Luego dicen que el teatro está en crisis. La variedad de propuestas teatrales en Madrid es muy atractiva y en ella caben los clásicos, las vanguardias y hasta los esperpentos, entre los que cabría incluir algunas de las piezas del repertorio braguetero». El arte no tiene fronteras ni reglas correctoras. El arte es la expresión por antonomasia de la libertad y por este motivo no hay por qué escandalizarse con ofertas de teatro tan transgresoras. Sin embargo, lo que resulta chocante es la coincidencia en un mismo periodo de títulos tan procaces. Probablemente, los primeros calores tienen algo que ver con esta coincidencia. Es tiempo de comidas ligeras, de refrescos, de poca ropa. Los reclamos amorosos se destapan después de un tiempo de abstinencia visual. El paisaje urbano madura como el trigo y es en este tiempo de ofertas agradables y tentadoras, al menos para la vista, cuando llegan a la especie de maratón de besos. Cientos de parejas unen sus labios, al unísono, en un larguísimo y apasionado beso, en plena calle y ante un público que, como no puede ser de otra manera, reacciona con sorpresa y, además, unos con curiosidad, otros con cierta displicencia hipócrita, los más con envidia, los menos con indignación y hasta los hay que se ofrecen voluntarios para participar en la amorosa manifestación. Esta masiva besada pública es un ejemplo más del recalentamiento atmosférico, que a unos les aumenta la líbido y a otros les da, simplemente, sudores. Es, en suma, el anuncio del verano. Es un buen síntoma de madurez social que se manifiesten otras maneras de vivir y de pensar distintas de las convencionales. La vida cotidiana es demasiado tediosa. La política está insoportable; el euro iguala por arriba los precios mientras llena los bolsillos de roñosas monedas que no valen para nada; la Bolsa está por los suelos; la huelga general ha cabreado a todos; la Cumbre europea de Sevilla se ha cocido en su propia salsa a más de cuarenta grados a la sombra, y para colmo, la selección nacional de fútbol es eliminada del Mundial, como siempre, con un robo arbitral sospechosamente mafioso. Ante este desolador panorama, el mundo teatral, sensible a los sentimientos humanos, ofrece argumentos cachondos, para públicos estresados o reprimidos y una nueva cofradía, la del beso libre, celebra su primer congreso con una exhibición pública de morros unidos... Cosas del calor.