PALACIOS EN VIGO

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

Supongo que los organizadores de la exposición dedicada a Antonio Palacios, que se presenta en la Estación Marítima viguesa, eligieron este escenario por su grandiosidad y no por la vinculación que yo establezco entre el personaje y ese espacio. Es casi seguro que el genial arquitecto porriñés modeló su concepto inicial de la estética de las formas a muy pocos metros de este edificio, desde el lugar en el que se contemplaba, a finales del XIX, la llegada o salida de los grandes barcos. Era admirador de los trasatlánticos, que sin duda influyeron en su arquitectura. Y el urbanismo que pensó para Vigo tiene mucho que ver con la contemplación de la ciudad desde un barco. La exposición, nacida en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, pasó después por A Coruña y ha llegado a Vigo muy enriquecida. Es la mejor muestra conocida hasta ahora sobre este artista, del que en la ciudad del sur se incorporó mucho material nuevo sobre su trabajo en Galicia. Palacios sigue siendo insuficientemente conocido, aunque en esta ciudad son muchos los admiradores de dos obras singulares: el antiguo García Barbón, hoy Centro Cultural Caixanova, y el contiguo edificio de la Banca Viñas Aranda. Menos admirado es el monasterio de las Salesas Reales, una joya emplazada en lugar poco visible, que lo es menos ahora por unas construcciones irresponsables. Moncho Iglesias Veiga, para mí el gallego que conoce más profundamente su obra, lo compara con Gaudí, al que Palacios admiraba, pero al que no copió nunca. Los dos hicieron arquitectura del sentimiento -me dice Iglesias-. Uno con el Mediterráneo como telón de fondo y otro, el porriñés, con el Atlántico como referencia. En el caso del gallego, cabe señalar la promoción del granito de su pueblo, que introdujo en el mundo de la construcción. Frente a la arquitectura espectacular y hermosísima de Palacios, a mí me gusta mucho menos su urbanismo vigués. Excesivamente monumentalista, nada respetuoso con la tradición, ya que habría acabado con el Berbés y el Casco Vello, y en líneas generales irrealizable por costoso. Habría tenido la ventaja, de haberse ejecutado a partir de los años treinta, de legarnos unos viales grandiosos.