«TRADUTTORE, ¿TRADITORE?»

OPINIÓN

29 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Galicia debe ser el único país del Universo donde hay gentes que consideran que traducir a un autor es traicionarlo. Pero no traicionarlo en el sentido del dicho célebre italiano - traduttore, traditore : traductor, traidor- que hace referencia a la dificultad, insuperable en ocasiones, de verter de una a otra lengua la riqueza de matices, evocaciones y sonidos de cualquier texto original. Porque, es cierto, ¿cómo traducir, sin traicionar su voz auténtica, aquella declaración de amor desgarradora de Emma Bovary: «Mais, moi, je n'ai rien au monde! Tu es tout pour moi. Aussi je serai tout pour toi, je te serai une famille, une patrie, je te soignerai, je t'aimerai»? ¿O aquella trágica premonición de que «...las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra»? ¿Cómo reproducir el canto genial con que abre Cunqueiro uno de sus sueños más hermosos?: «Aterecer aterecía o señor Sochantre de Pontivy a erguerse tan cedo, e máis ainda en tempo como aquel, cifrado de xistras da Mancha, sierios atlánticos e caladas e frías néboas do río Blavet, que non deixaban raiolar o sol no mundo». Sí, ¿cómo dudarlo?, traducir es entrar al alma de las palabras, acercándose, a la vez, al espíritu de quien las regala, ya desvalidas, al lector. Es este asunto grave, como todos los que afectan a las historias que alimentan nuestra vida, que tiene que ver con la literatura, pero no, claro está, con la política. Con la política, y sólo con ella, tienen que ver, por desgracia, otras hipotéticas traiciones, que nuestros más celosos guardianes de la ortodoxia patriótica, embotellan de tanto en tanto para venderlas, ya envasadas, a los incautos. La última que han colocado en el mercado lleva el título de una melancólica comedia, Os vellos non deben de namorarse , y la marca de fábrica más genuinamente galleguista que cabe imaginar: la del rianxeiro Castelao. Pues bien, al Centro Dramático Galego, tras pasear la historia de don Saturio, don Ramón y o señor Fuco traducida, lógicamente, al castellano, por diversos escenarios de fuera de Galicia, se le ha ocurrido presentarla, ¡oh herejía!, en Compostela. ¿Castelao en castellano? Si, en el mismo castellano que ha permitido acercarse a Castelao a miles de españoles que, de no haber sido traducido, nunca hubieran sabido de su nombre; o sabiendo de su nombre, nunca hubieran oído hablar a sus dramatis personae . Y en el mismo castellano que hablamos y entendemos todos y cada uno de los habitantes de Galicia, ciudadanos afortunados de un país que, por ser rico, no tiene una lengua, sino dos. Sí, en efecto, Castelao traducido al castellano por Xesús Alonso Montero, figura insustituible de la defensa de Galicia y del gallego. Y prueba viva, por si hiciera alguna falta, que no hace, de hasta qué punto estamos en presencia, una vez más, de otra pesada y cansina bufonada.