CACERÍA

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

29 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El hombre es un lobo para el hombre. La vida no es un paseo por el campo un día de verano, dicen los rusos. La vida es bella en la misma proporción que feroz. Tan feroz como la cacería de la estación argentina de Avellaneda. Por cada beso que se da, se derrama una lágrima. Así es. Pero toca llorar y llorar demasiado en la Argentina. Como un tango que no termina. Que alguien pare la música de ese baile de dolor y muerte. Las imágenes que recogió nuestra sección de Internacional con la secuencia de la «cacería atroz», en palabras de Duhalde, son de espanto, de vomitona. Qué tendrán los canallas como el comisario Franchiotti que disparan a bocajarro. Odio ese mando de gorra, por el mando y punto. Los hombres no precisamos guardianes nostálgicos de las picanas eléctricas con las que se torturaba en ese país. Es terrible cuando arrastran los cadáveres y esa última mirada de Franchiotti (¿de Franco?) al chico muerto. Argentina no se merece eso. Ni el hambre. Es una pena que esos policías no estudiasen a tiempo que la música, por ejemplo, es una caza mucho más linda. Siempre es mejor el arañazo de un violín que el trueno de una escopeta. Quién le devolverá la vida a los dos chicos.