AQUELLA HUELGA Y ESTA HUELGA

OPINIÓN

En 1988 los sindicatos convocaron una huelga general contra la política del Gobierno socialista, que según las centrales laminaba derechos esenciales de los trabajadores. Su desencadenante fue, finalmente, una medida que afectaba al mercado de trabajo: el plan de empleo juvenil. Habían pasado 27 meses desde las elecciones generales, en las que el PSOE obtuvo 184 diputados, y la huelga debió parecer a las centrales, a IU, que la apoyó con claridad, y al PP, que la apoyó a las caladiñas, el mejor medio de poner de rodillas a González y al PSOE, abriendo así la posibilidad de la alternancia. Los efectos de la huelga resultaron, sin embargo, desiguales. La política económica del Gobierno socialista giró, en efecto, de forma radical, lo que dio paso, según hoy reconocen los más solventes analistas, a una recesión descomunal. Pero, pese a ello, el PSOE ganó otra vez, con mayoría absoluta, las generales que se celebraron transcurridos diez meses de la huelga. El PP subió un diputado, e IU pasó de 7 a 17. En 2002 los sindicatos han convocado una huelga general contra la política del Gobierno popular que, según las centrales, lamina derechos esenciales de los trabajadores. Su desencadenante ha sido, finalmente, una medida que afecta al mercado de trabajo: la regulación del desempleo. Han pasado 30 meses desde las elecciones generales, en las que el PP obtuvo 183 diputados, y la huelga debió parecer a las centrales, a IU, que la apoyó con claridad, y al PSOE, que la apoyó a las caladiñas, el mejor medio de poner de rodillas a Aznar y al Partido Popular, abriendo así la posibilidad de la alternancia. ¿Cuáles serán en esta ocasión los efectos de la huelga? Es difícil de decir. Aunque Cabanillas afirma, levantándose el tupé, que nada cambiará, pues el Gobierno actúa como debe, no hay que hacerle mucho caso. También Rosa Conde, que ocupaba el mismo puesto con González, afirmó algo parecido tres días después de aquella huelga de diciembre. «No tenemos conciencia de ser arrogantes y, por tanto, no podemos enmendarnos». Y es que entonces, como ahora, una de las muestras más palpables de la inanidad del discurso de la oposición frente al gobierno eran las constantes denuncias de Aznar contra González, acusándolo de gobernar con soberbia, autoritarismo y arrogancia. ¿No les suena? Desde la celebración de la huelga general del año 88 pasaron ocho años hasta que el PP fue capaz de derrotar al Partido Socialista en las generales del 96. Por eso, si Zapatero quiere ser algún día presidente y no quiere pagar por ello el precio que hubieron a su modo de pagar, tanto González como Aznar (el de acosar a su adversario hasta los límites de resistencia del sistema) bien estará que vaya pensando en hacer lo que hay hacer para ganar: hacer política. Porque es eso, la capacidad de hacer política, lo que distingue a un líder de, ¿cómo decirlo?, un figurillas.