COSAS DE TÍAS

FRANCISCO RÍOS, hablar.bien@lavoz.es

OPINIÓN

21 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Una de las parientes que más afectuosa atención prestan al menor y aún al mayor son las tías, las hermanas del padre o de la madre. Y, sin embargo, el habla popular las maltrata con excesiva frecuencia. A los usos vulgares y despectivos de la palabra se suman expresiones y frases hechas de las que salen más mal que bien libradas. Una de las más antiguas es cuéntaselo a tu tía . Dice el Diccionario de autoridades (1739) que es «phrase, con que se denota, que los sucessos infelices se deben participar à la persona, que le duelan, y no à los extraños; pues estos se moverán poco à su alivio». El judío conquense Antonio Enríquez Gómez, escritor y mercader, ya usaba la expresión en 1644, en El siglo pitagórico y vida de don Gregorio Guadaña: «La honra, amiga mía (cuéntaselo a tu tía) es el armiño de mayor belleza que puso en nuestro ser Naturaleza». También antiguos, pero con vigencia en el Diccionario, son a tu tía, que te dé para libros , frase con la que se rechaza una pretensión de alguien, y quedarse para tía , con el significado de ¿quedarse sin casar¿. «¡Yo quedarme para tía! ¿Me faltará novio acaso?», dice uno de los personajes de La señorita malcriada (1788), de Tomás de Iriarte. El que ha pasado a mejor vida, por anacrónico en un mundo donde los galanes dicen oye, tía, ¿qué haces esta tarde? , es un refrán que advierte de la inconstancia de las pasiones humanas: «Desde que vi a tu tía, muero de acedía; desde que no la veo, muero de deseo».