Algunas personas dan por hecho que putas, periodistas y políticos tenemos bastantes cosas en común, además de la pe inicial. En la conmemoración del 15-J, se ha hablado mucho de políticos y muy poco de la tropa del mundo de la comunicación, a pesar de la supuesta concomitancia. ¿Alguien creería que sólo los políticos, sin existir las revistas Triunfo y Cuadernos para el Diálogo , por ejemplo, habrían sido capaces de traer la democracia? Quienes vivimos aquel tiempo, no podemos olvidar el panorama informativo vigués de hace 25 años. En los medios de comunicación, como en otros sectores de aquella sociedad, el 16-J, el día después, el carro del triunfo se llenó de neodemócratas que habían pasado tiempo y tiempo en la playa, tomando el sol pero sin apostar por nada. En el caso de Vigo había dos excepciones evidentes. La primera, por su peso, La Voz de Galicia, que casi desde una década antes tenía delegación en la ciudad. Por aquellos tiempos se batían el cobre en estas páginas, el difunto Segundo Mariño, una pérdida prematura para el periodismo de esta tierra, y Antonio Ojea, ambos integrados en un sólido equipo. En paralelo, el segundo caso, la mítica Radio Popular de Vigo, donde tuve la suerte de dirigir a profesionales de lujo como Fernando Ramos, Víctor F. Freixanes, Rosa María Tébar, Queca Merino o Xerardo Rodríguez, además del citado Segundo Mariño como colaborador. Riesgo Los dos medios recogían a diario, desde años antes, el pálpito de la oposición, no sin riesgos para las dos empresas y sus profesionales. Sin acciones informativas como las de aquellos medios de comunicación, es seguro que los demócratas vigueses anteriores a la eclosión democrática del 15-J, habrían estado silenciados. Vale la pena recordar que en La Voz Galicia, aquello lo hizo posible un joven empresario con arrestos, Santiago Rey Fernández-Latorre, y en la radio un salmantino enamorado de Galicia, José Andrés Hernández Vicente. Ellos, con su trabajo y los sobresaltos que les costó, saben bien, como otros muchos, que el 15-J no cayó de un guindo, por casualidad, un día de junio del año 77.