Verón y Batistuta, volviendo a casa, desencajados tras la derrota en los Mundiales, me recordaron las imágenes nostálgicas del Martín Fierro . Regresarán quizá a Inglaterra e Italia para seguir triunfando, pero con Argentina dentro, «como hombres a caballo que se alejan y se anulan», en el decir del mítico gaucho. Cruz y Fierro arriaron una tropilla y pasaron la frontera una mañana clara. Cruz le dijo que mirara las últimas poblaciones. Y a Fierro dos lagrimones le rodaron por la cara. Y siguiendo el fiel del rumbo, se entraron en el desierto... Argentina es la nostalgia misma. Después de veinte años, qué lindo estarás Buenos Aires, soñado desde Montmartre... Borges decía que Gardel tiene la culpa de todo, porque además de inventar el tango, inventó el rezongo y, desde entonces, los argentinos no dejaron de quejarse de algo. Hoy tienen razones múltiples y sobradas para ello, porque se les desvanecen los panes y los mitos. Fue dramática la imagen televisiva de una seguidora de la albiceleste cuando alguien le preguntó: «¿Por qué yorás ?». Alzó el rostro bañado en lágrimas y tras un instante de duda dijo, casi en silencio, «por todo». Pero son grandes y creo que al menos tienen derecho a la esperanza.