Ya con un pie en el estribo, como decía un autor de cuyo nombre no quiero acordarme, perpetro por adelantado el folio semanal, pero la primera noticia que leo me lo reconvierte y talmente parece que me tuviera adivinadas las razones para adelantarlo, pues resulta que tengo que cruzar la frontera más artificial de Europa, tan artificial que ni siquiera espero que deje de llover al pasarla; pero frontera artificiosa en su pompa y homenaje a la poca capacidad de entendimiento que tiene el animal que presume de social y de racional. Ya adivinó el lector que me voy a Portugal y hablo de la raya que, seca o mojada, mejor era no haber creado ni mantenido. Hacer del Miño un río que separa es un macroejemplo de archiabuso y multidisparate. Mi primera intención era despedirme por unos días de mis prójimos recordándoles que tal vez estaban muy en lo cierto los sesudos críticos que allá por los sesenta y los setenta rezongaban que el fruto más sólido del franquismo era dejar tarados a los españoles a golpe de un partido de fútbol a la semana, alguna que otra feria taurina y los festivales de Eurovisión. Y ahora que dicen que del franquismo no queda nada, empieza a parecer cierto que el Ínclito sí logró su objetivo, y no es un partido a la semana, sino sobredosis de elefante y, encima, pagando. Algunos de aquellos sesudos críticos del fútbol franquista están hoy en las empresas informativas que venden partidos a esgalla, que venden toros, boxeo y otras lindezas de humanidad y humanismo. De la mierda histérica que se montaron con la Eurovisión no hablo ni con mi abogado. Y vamos con mi segunda intención, la que me trae el periódico: que Portugal vuelve a pintar la raya y se reviven los ramalazos nacionaleros, llámense anticastellanos o antiespañoles, y al fondo parecen estar piques y quejas de mercado laboral. Y también, y es cosa en la que entro, leo quejas de los portugueses sobre aires bobos de superioridad y trato ineducado por parte de los españoles. Y les doy la razón porque tengo larga experiencia de mucha gente inculta y faltona que entra por Valença, Barcelos, Chaves, Caminha... como Perico por su casa, en terreno conquistado, extranjero ma non troppo , país de segunda... Estoy hasta el gorro de ver españolería túzara en Portugal, país de gente cortés donde la haya.