PEGAR A UNA MADRE

OPINIÓN

Nadie sabe nunca por qué se produce una agresión. Nadie puede saber qué tipo de odio alberga un corazón para atacar a una concejal a la salida de un pleno. Y mucho menos, cuando esa mujer es hermana y madre de los agresores. Pero ocurrió en un pueblo de Guipúzcoa. Una concejala independiente fue agredida por su hermano y su hijo, ambos militantes de Batasuna. «El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo», escribió Miguel Hernández. El odio político está embalsado en una parte del alma vasca y sale a borbotones, como una explosión. Es humanamente terrible. En esa escena se ha visto el drama vasco; el drama de muchas familias donde conviven el españolista y el nacionalista y el defensor de la lucha armada. Viven bajo el mismo techo. Llevan el mismo apellido. Pero, en el fondo, están dominados por las ideas políticas de su militancia. Y, en el caso de los batasunos, hay un impulso que les arrastra a responder con violencia a todo lo que no coincide con sus ideas o intereses. Que esa mujer sea la madre de uno de sus agresores indica hasta qué punto ha llegado la imposición de una idea sobre valores sagrados como la persona, el amor o el respeto filial. Señores obispos, esto es la confrontación: que un hijo ataque a su madre por su posición en un pleno. Las «sombrías consecuencias» de que ustedes hablan no necesitan esperar ninguna ley. Ya están ahí. Están incrustadas en el cuerpo social. La escisión de la sociedad que ustedes vaticinan ya se ha producido. Rompe grupos y familias. Y ante ello hay que decir, ilustrísimas, que esto no se arregla con pastorales que producen más odio y enfrentamiento. Se arregla con criterios sólidos y autoridad moral. Pero creo que es tarde para todo. La semilla del odio ha germinado. No respeta ni a una madre.