Victoriano Reinoso ha muerto a orillas del mar del Orzán. Generalmente, es necesario morir para alcanzar la mayor expresión de aprecio de los que siguen vivos. No sé por qué, pero es así. Victoriano Reinoso no ha podido ser una excepción. Ahora que seguramente Victoriano no podrá enterarse de lo mucho que le apreciábamos ¿o decimos que le apreciábamos¿, todos buscamos la fórmula para proclamárselo a voz en grito. Con lo sencillo que hubiera sido decírselo cara a cara. Como eras una persona muy inteligente, estoy seguro de que comprenderías, o comprenderás, estas cosas mejor que yo. También estoy convencido de que sabías distinguir el grano de la paja. Y los tangibles de los intangibles. Además de un muy destacado ingeniero de caminos y empresario, siempre te admiré por tu capacidad para gestionar intangibles como la cultura, los recursos humanos, los valores y sensibilidades, y las pautas de comportamiento. Todo ello te convertía en un hombre de hoy y en un apasionado de la innovación. Las huellas de tu paso se perciben con más nitidez de lo habitual. Has hecho camino al andar por Galicia, por el mundo de la energía, por Unión Fenosa. Te costó tiempo y esfuerzo llegar a la presidencia de tu empresa de casi siempre. Más tiempo y esfuerzo de lo normal en tu caso. Y lo peor es que duró muy poco. ¿Recuerdas lo que te dije el pasado 19 de abril? Sí, lo mismo que le dijo un paisano del campo gallego a Quiroga Palacios cuando regresaba de Roma de recibir su nombramiento como cardenal: «Señor Quiroga, usted como siga ascendiendo así, llega a Dios». Te lo apliqué a ti. Perdona. No podía imaginar que el 12 de mayo ibas a llegar ante Dios. Ni tabaco, café, alcohol o excesos en la alimentación; sí deporte, contacto con la naturaleza y vida sana y metódica. Es decir, ni una coartada para morir como has muerto y en el momento en el que has muerto. Por si alguien no lo sabe, quiero decir que eras un muy buen pintor. Y apreciabas la estética de las decisiones, de los procesos y de los procedimientos. Y la estética de la Ética. Y sabías que, por razones incluso físicas, es imposible formar parte de un cuadro y, además, valorarlo con la necesaria perspectiva. Por ello, tal como les ocurre a algunas otras personas sensatas, te gustaba saber lo que decían socialmente del cuadro de tu vida, y de ti como parte del mismo. Puedes descansar tranquilo. La pinacoteca de tu vida profesional, empresarial, personal y familiar constituye un referente básico y cada vez más importante para orientar las actitudes y los pasos de quienes se encaminen por las rutas por ti desbrozadas. ¿Recuerdas esta otra conversación?: «Veo que sigues con tus libros sobre Galicia», me dijiste hace algo más de un mes. «Sí, sigo», te contesté. «Haces bien», añadiste. «Supongo que sí, aunque no sé muy bien para qué», repuse. «Hazlo y no te preguntes por qué», sentenciaste. Victoriano, pienso hacerte caso. Las eléctricas, Galicia y la vinicultura no tenían muchos como él y se ha ido. Pero ha formado parte de tantos cuadros que va a costar borrar su paso.