Los demócratas han hecho crujir los cimientos de la sociedad norteamericana al airear la sospecha, al parecer ahora verificada, de que los servicios de inteligencia norteamericanos hicieron caso omiso a la advertencia de sus colegas sirios y egipcios sobre un posible atentado terrorista en territorio norteamericano. Los republicanos, conscientes de la fragilidad del apoyo popular, han contestando con una campaña que intenta distraer a la opinión norteamericana con la amenaza de otro atentado terrorista. Paralelamente, curiosa coincidencia, se ha divulgado a través de un medio de información árabe un nuevo vídeo de Osama Bin Laden amenazando a Israel y a Gran Bretaña. Los demócratas norteamericanos saben que Bush y sus compañeros de partido han salido reforzados con la crisis del once de septiembre de cara a la opinión pública, sobre todo tras un polémico recuento de votos en los últimos comicios, y han esperado a que el brillo del éxito se fuera apagando para tomar la revancha. Los republicanos se han defendido de este ataque utilizando las armas que tienen a su alcance incluyendo la manipulación de información teóricamente secreta. Debemos observar con atención este tira y afloja entre demócratas y republicanos porque los vaivenes en la política interna de Washington tienen importantes consecuencias en todo el mundo. Así, un Bush acorralado domésticamente puede querer salvar su imagen interna a costa de la población de algún lejano país oriental que no le importe a casi nadie. Y ello, a pesar de que, el sistema habitual de intervención en la política de Oriente próximo, tanto de Estados Unidos como de Europa, no ha servido sino para poner parches a un edificio completamente resquebrajado que amenaza ruina. La diplomacia norteamericana ha ido de fracaso en fracaso en sus intentos de negociar con los países árabes e Israel; le resulta más rentable bombardear Irak o Afganistán y aterrorizar a las poblaciones con un nuevo enemigo invisible y transfronterizo que utiliza de forma indiscriminada la muerte de inocentes. El conflicto palestino Sería una simpleza decir que la raíz del terrorismo, mal denominado islámico , está en el conflicto palestino pero, sí es cierto que la única forma de anular la justificación moral de los terroristas que se autoinmolan es reconocer un país para los palestinos. Occidente haría mejor sentando las bases de un Estado palestino que, únicamente, atacando la manifestación más sangrienta de un problema enquistado desde hace más de cincuenta años. El terrorismo es sólo el síntoma más dramático del precario estado de salud de la política en la península arábiga. Culpa de ello es el grave desconocimiento tanto de norteamericanos como de europeos de una realidad que se abre paso con sangre. Oriente Medio huele a rancio, el conflicto palestino es una llaga purulenta y la desidia de los gobernantes es un cáncer que se ha ido extendiendo por todo el mundo árabe. Se impone una renovación desde el origen tanto de los líderes, como de los métodos políticos. Necesitamos nuevas soluciones para viejos problemas.