TRIPAS

CARLOS GARCÍA BAYÓN

OPINIÓN

Recuerdo Venecia, no la de Bellini o Canaletto, sino la mía, la que vi, toqué, oí, la que aún me perdura en los sentidos y el corazón. La vida es lo que se recuerda; lo otro es muerte. En el dintel de una casona de aquella Venecia estaba escrito este salmo laico: Nihil domestica sede jocundior . Me tradujeron así: Nada más gozoso que la propia casa . La propia casa también abarcará las gentes, paisajes, acaeceres con que cada vida está hecha. Pero resulta que hostilmente un personaje de Faulkner dice que cada uno es un tonel lleno de tripas. ¡Jo! ¿Entonces Bush, Sharon, Chirac o Arafat? Pues eso, tripas, un montón de memorias y al final la meditación escrita en Venecia. Quien se escape del renglón lo archiva Carlo M. Cipolla para su tratado sobre la estupidez. Cipolla nos dice además que las tripas y las estupideces cuando más prosperan es en tiempos de la burocracia y la democracia. ¿Quién se atreve a dimitir de sus tripas aunque sólo mande sobre una piara de cerdos? Leía hace poco una estrofa que con música de cacerolada repito: En el camino del Pardo/ y muy cerca de la ermita/ hay un letrero que dice/ ¿maricón el que dimita¿ . Aferrarse aunque sea a las propias tripas es todo un compendio de sabiduría; y más ahora que los científicos afirman que es escasísimo el número de genes que nos separan de la cucaracha...