UN PUCHERO DE LENTEJAS

ANTONIO GONZÁLEZ

OPINIÓN

Rosa López, la Rosa de Operación Triunfo, ha dicho que los miles de cabezas que asistían a una de sus multitudinarias actuaciones le parecían un puchero de lentejas hirviendo. La comparación es simplista, como corresponde al personaje que la dijo, pero es muy gráfica y expresiva y es que, en efecto, un puchero de lentejas en ebullición, a vista de pájaro y con un poco de imaginación puede parecer una multitud saltando en manifestación de alegría o de protesta, según las circunstancias. Las lentejas tienen un fundamento populista y quizás por eso lo utiliza Rosa, de manera espontánea, porque, sin duda, ha comido muchos platos de lentejas en su vida y porque ella, metafóricamente, saltó a la fama desde un puchero de lentejas. Las lentejas y la fama son, por principio, antagónicas, salvo en el caso de Rosa y otras excepciones. La popular leguminosa está unida a historias domésticas de gentes humildes, de hambres remendadas por unas cucharas calientes de lentejas viudas. El dicho popular de «son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas», es un ultimátum en toda regla para gentes sin posibilidad de elección... O lentejas o ayuno; o pobre con lentejas para llevarse a la boca por toda y única manutención o igualmente pobre con prejuicios y hambre. Sociedad de perdedores La leyenda de la lenteja está unida a la de una sociedad de perdedores. En el Antiguo Testamento, Esaú, hijo de Isaac, fue traicionado por su hermano Jacob, a quien vendió su primogenitura por un plato de lentejas. En la posguerra española, las lentejas de racionamiento y las cuarteleras eran uno de los alimentos más comunes. Aquellas lentejas eran especiales: las que flotaban en el agua tenían bicho y a veces eran tantas que, al final, todas iban al puchero. En tiempos de la transición las lentejas jugaron un papel conciliador en los mentideros políticos, a través de la iniciativa de una mujer muy activa, Mona Jiménez, que convocó a políticos de toda condición a compartir semanalmente un plato de lentejas como fórmula o pócima de concordia y de debate. Podría afirmarse que el espíritu de la transición democrática se coció en un puchero de lentejas. Ahora, las lentejas están de moda, incluso en restaurantes de lujo. En el menú del hotel Ritz de Madrid se ofrece un día a la semana un guiso de lentejas, eso sí, con cuchara de plata, lo que es, en cierto modo, un insulto a su humilde condición. La cocina del hambre es patrimonio de los pobres y cuando los ricos la invaden con sus cucharas de plata están usurpando el derecho de los humildes a su exclusiva, por obligada, condición. Un puchero de lentejas hirviendo es como una manifestación caliente de gentes vista desde arriba y, que se sepa, en ninguna manifestación se ha visto a los ricos con sus cucharas de plata como pancartas reivindicativas de derechos humanos. Rosa López tiene razón en su comparación y es que ha comido muchas lentejas pobres y cuando canta ve pucheros de lentejas hirviendo, saltando al ritmo de la música, en vez de estrellas.