PADRES E HIJOS

JOSÉ MANUEL OTERO LASTRES (Catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad de Alcalá de Henares)

OPINIÓN

11 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Gibran Jalil Gibran escribe en El Profeta , refiriéndose a los padres: «Sois los arcos con los que vuestros niños, cual flechas vivas, son lanzados». Seguidamente, sugiere que los padres no somos los que fijamos el blanco, sino el Arquero, y que nuestro gozo debe ser la tensión que nos causa su mano. Hace algunos años era más fácilmente aceptable la idea de Jalil. Porque estaba más extendida la creencia en el Arquero y en su decisiva intervención en el destino de nuestras vidas y las de nuestros hijos. Hoy tendemos más a indagar sobre nuestra propia responsabilidad en lo que nos sucede, que a traspasársela sin más a un tercero todopoderoso . Por eso, cabe afirmar que los padres somos los arqueros más que el arco, y que es a nosotros a quienes corresponde tensarlo, fijar el blanco, apuntar y lanzar las flechas; o, dicho de otro modo, educar. A los arqueros de mi generación tampoco se nos enseñó a educar, porque eso es algo en lo que nunca se ha podido instruir a nadie. Y por si esto fuera poco, los hijos vienen sin manual de instrucciones. Por ello, educamos según somos; y somos fruto de nosotros mismos y de nuestra circunstancia, configurada básicamente por el ejemplo, tanto positivo como negativo, que hemos recibido de todos los que nos rodeaban y por la época en la que nos ha tocado vivir. Valores cambiantes Cada generación suele situar en el centro de sus anhelos aquello que más echa en falta. Creo que la mía ¿al menos en lo que yo viví¿buscaba ansiosamente la libertad. Y mientras trataba de alcanzarla, se fue consolidando en lo material el creciente bienestar que habían ido produciendo las generaciones anteriores. En mi generación confluyeron, pues, la sociedad de consumo ¿que se iniciaba¿ y el entronizamiento de la libertad intelectual. En la combinación de ambas, está, tal vez, una explicación de la educación hemos dado a nuestros hijos. En el aspecto material, mi generación se dedicó a incrementar y, sobre todo, a consumir, los medios económicos que tenía a su alcance. Pero no lo hicimos de un modo excluyente. Probablemente porque nuestra conciencia no nos permitiría otra cosa, hicimos participar intensamente a nuestros hijos de ese bienestar. Consumimos , pues, conjuntamente, sin darnos cuenta de que también había que enseñarles que las cosas se consiguen con esfuerzo. En el plano de las ideas, tratamos de educar a nuestros hijos en los valores de la libertad y la igualdad. Desechamos el modelo anterior de la educación autoritaria y situamos a nuestros hijos en un entorno de autorresponsabilidad. Y claro, en este ambiente es mucho más difícil saber lo que ha hacerse en cada momento. Por lo cual, en cierto modo, somos también los causantes de las inseguridades que puedan padecer. Con lo que no contábamos era con la poderosa influencia que iba a tener en nuestros hijos la televisión, de la que en no pocas ocasiones recibieron ejemplos que dejaban mucho que desear. Con todo, como los valores que transmitimos eran acertados, pienso que nuestros hijos se sienten mayoritariamente satisfechos de la educación que recibieron, aunque habrán de corregir algunas cosas cuando les toque hacer de arqueros.