OPERETA

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO

14 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Venezuela le ha enseñado al mundo cómo se escribe una opereta de éxito en sólo unas horas. Es cierto que otros países lo habían hecho antes. Y que no será el último. Pero no lo es menos que la curiosa personalidad del protagonista, de autor del libreto y director de la orquesta y coros, le otorgan una dimensión desmedida. Un país que votó masivamente a Hugo Chávez y que tres años después se echa a la calle para, con la ayuda del Ejército, derrocarlo, y que lo vuelve a tener al frente del gobierno, no parece que vaya a afrontar el futuro con garantías de éxito. Chávez ha vuelto. Y con él regresa la insensatez, la demagogia, el populismo, la chabacanería y el caos. Chávez no es un presidente de gobierno, ni tan siquiera un alto mando de los paracaidistas. Es un personaje de cómic que vive el sueño de ser Simón Bolívar. La primera intervención del presidente, tras su cautiverio, llamando a la calma, ha dejado una clara muestra de su talante democrático. «Uno de los problemas más graves que tiene el mundo de hoy son los medios de comunicación. Existe un terrorismo mediático», aseguró ante sus entusiasmados seguidores. Lo dijo cuando media humanidad espera todavía a que condene los atentados del 11-S, que explique su apoyo a Gadaffi, Sadam Hussein, Castro, Montesinos y a la guerrilla colombiana. Y que actúe para que su país deje de ser paraíso de terroristas. Pero Chávez no va a cambiar. Mientras la comunidad internacional aguarda un proceso que lleve a los venezolanos a recuperar la normalidad democrática, el regreso al poder del antiguo golpista nos coloca ante un escenario, sumido en el caos, cuyo futuro es tan desconcertante como preocupante. Venezuela y los venezolanos, con sus tesoros de petróleo, oro, gas natural y aluminio, no necesitan de Chávez. Como opereta, la que ha escrito Venezuela en los últimos días es digna de figurar en las mejores carteleras. Lo malo es la sangre derramada, que la democracia va a seguir huida y que su autor y principal protagonista no es más que un pobre bufón.