Están los ánimos caldeados con eso de la huelga de autobuses aquí en Madrid. Los piquetes apedrean incluso los autobuses escolares, hay una niña de once años herida en la cabeza. Las estaciones de tren están desbordadas, las carreteras colapsadas, y miles de personas no tienen medio para llegar a sus trabajos cada mañana. Lo que me gusta de todo esto es que ha puesto en marcha una ola de solidaridad, y hay quien se levanta en plena madrugada para hacer varios viajes con su coche particular, para acercar a sus trabajos a la gente que se desespera en las paradas de autobuses. Y con éstas llevamos ya ocho días. Agresividad Intuyo que tienen razón los sindicatos en sus reclamaciones, que si horas de más, que si salario de menos, pero lo que no acabo de comprender es tanta virulencia y tanta agresividad en sus acciones. Madre mía, están desatados, destrozan lunas a diestro y siniestro, y apedrean todo lo que se parezca a un autobús. Por supuesto, ni servicios mínimos ni nada de nada. Ahora Ruiz Gallardón ha dicho que va a nombrar un árbitro que medie entre sindicatos y patronal. Y claro, los sindicatos ya han puesto el grito en el cielo. Y la huelga sigue.