OVATIO

La Voz

OPINIÓN

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

10 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

En Roma, en dos columnas de bronce, están grabadas las gestas del divino Augusto, mediante las que sometió al orbe de la tierra al dominio del pueblo romano. En ellas se registra que Augusto celebró tres triunfos curules y que, veintiuna veces, fue proclamado emperador. Y se dice también que por dos veces celebró triunfos con ovación . Bien saben ustedes que la ovatio era una forma de celebrar las victorias bélicas que no llegaban a la categoría de triunfo. Aún así, en el desfile victorioso lleno de solemnidad, el líder, vestido con túnica palmata, toga picta y laurel en las sienes, tenía que soportar a su lado a un esclavo que le decía repetidamente hominem te esse memento , esto es, recuerda que eres hombre, no te vayas a divinizar en exceso. No sé si aquella democracia era más avanzada que la nuestra, supongo que no. Pero yo, en este Gobierno, tan dado a los cabezazos serviles, echo de menos a un esclavo semejante, capaz de recordarle a Aznar cosa tan sencilla y humana antes de que, con su anunciada dimisión, se convierta en el Júpiter Capitolino, detentador de todas las coronas de laurel y dispuesto a regresar en cualquier momento entre nuevas ovatios y aclamaciones. Como los dioses.