ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
09 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Déjenme que les cuente una historia personal. Días después de las autonómicas de 1993, en las que el Bloque dio un espectacular salto electoral, al pasar de 7 a 13 diputados y colocarse tan sólo a 6 del Partido Socialista, me encontré en el aeropuerto de Santiago a un buen amigo, entonces afiliado al BNG y hoy dirigente de esa formación, que, exultante, me predijo que aquéllo no era más que el anuncio del sorpasso que se produciría transcurridos cuatro años. Tras esbozar una sonrisa, dejé a mi amigo, convencido de que su explicable excitación le impedía razonar con su claridad habitual. No pude evitar el recuerdo de aquella fugaz conversación, y de mi error, cuando el 19 de octubre de 1997 el BNG adelantó, en efecto, al PSdeG y pasó a ser la alternativa. Constaté entonces, con dolor, cómo las graves torpezas de este último y los aciertos del primero iban a dificultar en Galicia, a corto plazo, la alternancia. Y es que la hegemonía del BNG en la oposición podría terminar por ser un seguro para Fraga y el PP. Las últimas autonómicas han demostrado, creo, la certeza de esa hipótesis: pues pese al fuerte desgaste sufrido por la Xunta en los dos años anteriores, la expectativa de los electores populares cansados del PP de que un cambio de su voto a favor del PSdeG pudiese acabar haciendo a Beiras presidente, se tradujo en un mantenimiento sustancial del porcentaje de voto del PP. De hecho, Fraga hizo su campaña diciendo que o ganaba él o el BNG. Y éste la apoyó ¿aunque, claro, sin quererlo¿ afirmando que la victoria sería para el Bloque. Es lo que he llamado, recordando el trabalenguas popular, la Galicia enladrillada. Enladrillada por un sistema de partidos que podría garantizar la victoria del PP en tanto el PSdeG no sea capaz de recuperar su posición hegemónica en la izquierda. Y ello porque sólo tal hegemonía facilitaría ese trasvase de votos del Partido Popular al Socialista sin el que la alternancia supone una quimera. Muchos de quienes la desean lo entendieron quizá así en las elecciones del año 2001, y situaron al PSdeG casi a la par del BNG. Esa tendencia es la misma que ahora marca el barómetro de primavera de La Voz de Galicia: según él, los socialistas superan claramente en intención de voto directo al BNG por primera vez en mucho tiempo. Aunque es evidente que podríamos estar sólo ante un efecto coyuntural de la trifulca que tiene a aquél patas arriba, lo es también que éste pudiera ser un nuevo indicio de algo más trascendental: de que se va desvaneciendo el espejismo según el cual el BNG iba a ser la alternativa. Lo que no dejaría de resultar interesante, pues, como saben todos los que recorren el desierto, quien hace caso de espejismos, se arriesga a no dar jamás con un oasis. Y la izquierda gallega vive en él desde hace muchos años: quiero decir, en el desierto. Roberto L. Blanco Valdés