NOTICIAS DE CENTAUROS

La Voz

OPINIÓN

06 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

En mi artículo anterior quedaba en los brazos de un centauro pintado por Gustave Moreau. Pero, ¿en los de Neso, en los de Folos o en los de Quirón? Los centauros eran hijos de Ixión, rey de Tesalia (al norte de Grecia, el lugar originario de estos híbridos) y de una nube creada por Zeus a imagen de Hera, de la cual estaba enamorado. No disfrutaban de buena fama pues eran terribles con las mujeres. Pirítoo, rey de los lapitas, los invitó a su boda. Se lo agradecieron intentando violar a la novia y a las invitadas. Esta situación provocó una batalla campal y su expulsión. A esta estirpe de gamberros debió pertenecer Neso. Raptó a Deyanira, esposa de Heracles, quien lo mató. El centauro Folos era más razonable y Quirón se hizo famoso por la sabiduría que enseñó a Aquiles. Por lo tanto, yo debería estar en manos de este último, aunque, quién sabe. El centauro era mitad hombre y caballo, el tritón era mitad hombre y pez, el sátiro era mitad hombre y macho cabrío. Este último pertenecía al cortejo de Dionisio y tenía, si cabe, un mayor apetito sexual. Ni la ciencia, ni la técnica han podido apartar al hombre de estos seres mitológicos. Todavía se cuentan historias de descubrimientos de restos arqueológicos confirmando su existencia real. El tritón de Tanagra fue visto por Pausanias, quien afirmó que esta reliquia era mucho más grande que otra conservada en Roma. Durante siglos, muchos peregrinos acudían cerca del río Meandro, al sur de Turquía, para visitar los despojos de Marsias, el famoso sátiro asaeteado por Apolo. Incluso San Jerónimo viajó a Antioquía para contemplar los restos de uno conservado en sal. Parece ser que el emperador Claudio recibió un centauro de Arabia embalsamado y sumergido en miel, un conservante muy habitual en aquellos tiempos. Por otra parte, los sátiros (de viejos se les llamaba silenos), eran personajes indispensables en las tragedias clásicas. En la antigüedad, en la Edad Media y en siglos más cercanos, siempre hubo noticias sobre la aparición de un rebaño perdido. En 1980 un esqueleto de centauro descubierto en unas excavaciones del norte de Grecia, viajó por varios museos norteamericanos (el de Wisconsin, Ohio y Massachusetts) siendo admirado y visitado por gran cantidad de público. En 1994, estos despojos se instalaron permanentemente en la Universidad de Tennessee, en Knoxville. La antropóloga Adrienne Mayor nos dice que los huesos están empotrados en un bloque de piedra arenisca y en su caja torácica humana se aloja una punta de flecha de bronce. En la cartela indicativa se afirma que procede de una de las tres sepulturas de centauros, del 1300 a.C., descubiertas en Volos, Tesalia. Este engaño fue mantenido durante años, y aún hoy muchos visitantes quedan atrapados en la duda de esta magnífica instalación del artista zoólogo, William Willers. William mezcló la parte superior de un esqueleto humano con el de un pony y, luego, utilizando té, tiñó los huesos de color marrón oscuro para envejecerlos. El efecto de autenticidad se realzó con fragmentos de cerámica y rótulos zooarqueológicos, diagramas y mapas. La intención del falsificador, cuenta Mayor, era representar la criatura con un grado de realismo que permitiera que el observador creyera, al menos momentáneamente, en la existencia de estos seres. Nunca se me hubiera ocurrido ir a Tennesse, pero quién sabe si ahora valga la pena. ¿No eran estas ficciones paleontológicas las que hicieron discutir a Aristóteles y a Lucrecio y por las que Pausanias y San Jerónimo pusieron en duda su fe? Mientras escribo, se inaugura en el Museo Arqueológico Nacional la exposición Seres híbridos en las culturas del Mediterráneo antiguo. Son 50 magníficas piezas de hasta 2500 años de antigüedad, muchas de las cuales se exhiben por primera vez. Allí me encuentro con esfinges, grifos, sirenas, tritones, hipocampos, minotauros, quimeras y también centauros. Entre ellos noto el estremecimiento que debieron sentir sus contemporáneos.