GRAFITEROS

La Voz

OPINIÓN

VIRIATO No tienen más de dieciséis años y algunos ni siquiera superan los doce. Prefieren las sombras de la noche a la luz del día.

31 mar 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Suelen ir solos o todo lo más con un colega. Visten por lo general esa moda que consiste en arrastrar las anchas perneras de los pantalones, llevar el tiro a la altura de las rodillas, los bolsillos traseros en las corvas, y una chupa tres tallas mayor. Se calan una gorra de béisbol con la visera hacia atrás y van armados con un aerosol de pintura que adquieren con facilidad en multitud de establecimientos. Son los grafiteros, infantes desclasados y generalmente pertenecientes a familias desestructuradas que compiten consigo mismo o con los compis por ver quién ensucia más y más rápido, o quién llega más alto en la pintada. Sus objetivos son las fachadas de los edificios, el mobiliario urbano, las señales de tráfico, los asientos del transporte público, los pilares de los puentes, las estatuas y piedras seculares y últimamente hasta las aceras y el exterior de los vehículos. Campan por sus respetos sin que nadie ponga coto a tanta chulería y desprecio por los bienes privados y públicos. Los ayuntamientos se limitan a gastar cada año ingentes cantidades de los impuestos de los ciudadanos en limpiar lo que ensucian. Es una batalla perdida de antemano. Por la mañana se limpia más despacio de lo que por la noche se vuelve a ensuciar más deprisa. Se amplían los kilómetros de garabatos casi exponencialmente. En esto como en el botellón o las fiestas de música tecno para consumir pastillas de éxtasis el problema no consiste sólo en prohibirlo, sino en reprimir y educar. No consta que se detenga a los jóvenes por estas fechorías, ni que se llame a sus padres o tutores para que se lo impidan. Tampoco que en las escuelas y centros sociales se eduque en valores cívicos. Es la permisividad y tolerancia en grado sumo lo que también se manifiesta en estas degradaciones. Y conviene poner coto.