LOS HUEVOS DE LA SERPIENTE

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

30 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Tienen razón los que creen que las medidas policiales son insuficientes en la lucha contra ETA. Pues las fuerzas de seguridad pueden lo que pueden, y no más: perseguir y detener a los pistoleros y a quienes les apoyan. De hecho, así vienen haciéndolo, con distintos grados de eficacia, desde hace muchos años. Los datos cantan al respecto: en la última década, no menos de 2.300 personas han sido detenidas por su relación con la banda terrorista: 576 desde el final de la mal llamada tregua, 232 en el 2000, y 297 en 2001. Esa presión ha determinado un doble efecto, confirmado en todos los estudios sobre ETA (los de Sánchez Cuenca, Domínguez o Reinares, por ejemplo): por un lado, que todos los miembros de la banda terminan en prisión; por el otro, que el tiempo que transcurre entre el ingreso en ETA y la caída es cada vez más reducido. Por eso ETA es más débil cada día y por eso ha de pagar un precio crecientemente insoportable por cada uno de sus crímenes. Pese a ello, su larga historia demuestra que, en efecto, las medidas policiales son insuficientes por sí solas. Pues esas medidas no pueden evitar que según los etarras van siendo detenidos, vaya habiendo criminales de repuesto. Es cierto: la ruptura de ese círculo vicioso, clave para acabar con ETA de una vez, no depende sólo de la eficacia de las medidas policiales, sino de la de unas medidas políticas que sólo puede asumir la sociedad (los medios, los educadores, las familias) y, sobre todo, quienes tienen la responsabilidad de dirigirla. Por eso tiene razón el PNV, que controla las instituciones vascas y muchos de los resortes sociales del país desde hace más de veinte años, al afirmar que sin medidas políticas no se podrá acabar con ETA. ¡Vaya si tiene razón! Para acabar con ETA hay que debilitar, hasta quebrarlos, sus canales de reproducción. Y para ello, que deslegitimar de plano a quienes practican la violencia. Y para ello, que impulsar un discurso opuesto al que hoy impulsa el PNV. ¿O es que se puede deslegitimar a ETA reconociendo, como acaba de hacerlo Arzalluz, que la de ETA es una forma de «interpretar la política y de hacerla»; o apoyando, de la mano de HB, iniciativas, como las del Estado de Idaho, que persiguen dar respetabilidad internacional al conflicto provocado por la banda criminal? ¿Se puede evitar que haya jóvenes dispuestos a sustituir a los etarras, permitiendo a la ETB premiar el disco de un grupo heavy proetarra titulado A sangre y fuego , en el que participa la terrorista presa Carmen Guisasola? Siendo, como es, el símbolo de ETA un hacha sobre la que se enrolla una serpiente, nunca como en este caso habría que decir que el problema al que hoy nos enfrentamos, y del que el PNV no puede ya zafarse por más tiempo, es el de cómo evitar que los huevos de la serpiente lleguen a incubarse.