NOVEDADES EN LA DROGA

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO ONEGA

27 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En una fiesta de Granada han caído otros dos jóvenes. Todas las sospechas indican que ocurrió lo mismo que en el polideportivo de Málaga: mezclaron drogas y alcohol. Y reventaron. Les reventó el corazón. Eran extranjeros, pero eso apenas amortigua el impacto de la noticia. La alocada carrera de las pastillas y la diversión al límite se ha cobrado dos nuevas víctimas. Y el escenario, como digo, similar al que hace días nos conmovió: una macrofiesta hippy, convocada para celebrar la llegada de la primavera. Una vez más, la sociedad se pregunta qué hacer. Y la primera respuesta viene del lugar de la tragedia: no es suficiente prohibir. La prohibición, por sí sola, evita la aglomeración, pero nada más. La concentración de Orgiva (Granada) había sido prohibida. Pero los jóvenes llegados de diversos puntos de Europa y España no estaban dispuestos a renunciar a su programa de aproximación al paraíso de alucine que buscaban. La segunda reflexión viene impulsada desde Málaga. ¿Habéis visto la edad de los detenidos por venta de éxtasis en el polideportivo? Uno tiene 15 años; otro, 17; dos, 19... Con las nuevas drogas, ha surgido también un nuevo tipo de traficante joven, a veces menor de edad. No es un camello profesional. Es un vendedor que trata de financiar su propio consumo. Pero, por esa razón, es más peligroso: tiene la fuerza de la proximidad, la urgencia de la necesidad y capacidad de convicción ante los más próximos. Ahí es donde está fracasando la política de prevención. Y la última reflexión procede de algo escuchado en la radio: cualquier persona, usted, yo, nuestros hijos, pueden comprar éxtasis en esa tienda de las anarquías que se llama Internet. Un simple chat se convierte en supermercado de la nueva droga. Abierto a todos los públicos y a todas las horas. Siempre hay un vendedor dispuesto a llevarte la mercancía. Me pregunto si las autoridades -tan comprometidas con el botellón-pueden actuar contra esto. Pero hay algo que no puede hacer la autoridad: sustituir a la familia. Y mucho me temo que gran parte de los padres han renunciado a su tarea de educación, información y control. Ojalá esté equivocado.