BENIGNO PRADO
24 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Aparentemente todo el mundo se ha adaptado de la noche a la mañana al euro, ya en plena agonía de la vieja peseta. Aparentemente, porque todavía -incluso en operaciones financieras- se siguen echando las cuentas por kilos. ¿Será mera costumbre o llena más hablar de decenas, centenas, miles de millones? Supongo que esta inercia desaparecerá en cuestión de meses, espero que no de años. Porque, vamos a ver, ¿ustedes creen sinceramente, con la mano en el corazón, que el españolito de toda la vida tiene los mismos motivos de nostalgia que el inglés -cuando le llegue el turno de cambiar la libra por el euro-, el alemán o el francés? La peseta nos acomplejaba al salir al extranjero, salvo casos muy aislados, y aquí dentro se multiplicaba casi casi camino de la lira. Ahora, aunque también sea engañoso, da la impresión de que nos hemos convertido en un país serio. Quizá por eso más de uno prefiere llamarles centavos imperiales a los céntimos. Por tener, tenemos incluso un valor que ronda las 100.000 fenecidas pelas. El billetón Bin Laden, «que todo el mundo lo busca y nadie lo encuentra».