LA CONSTANTE G Y EL FACTOR F

OPINIÓN

¿Le preocupa a usted la gravitación universal? A mí tampoco. Sin embargo, y según acabo de leer, parece que la cuestión de los giros planetarios depende de que la constante G, que determina el orden de magnitud de la interacción gravitatoria, no sufra variaciones con el tiempo. ¿Y si las sufre? ¡La pinga! Pues, si las sufre, ¡yo que sé! Mi libro no dice nada del asunto, pero cabe suponer que el cielo podría caérsenos encima. Aunque, claro, como sostiene al respecto sabiamente el jefe galo Abraracurcix, «eso no va a suceder mañana». Por tal motivo, el problema de la gravitación universal, aunque importante, no nos resulta, ni de lejos, preocupante. Las ponencias discutidas en el último congreso del PP son, para el caso, la constante G del cónclave gallego: asuntos importantes, pero apenas preocupantes. Claro que lo del galleguismo, el pacto local, el bienestar social y los estatutos del partido tiene bastante relevancia. Pero el hecho de que a casi nadie, ni dentro ni fuera del PP, le preocupe lo más mínimo, demuestra de modo irrefutable lo que todo el mundo sabe ya: que la política que desarrollan los partidos no depende de lo que dicen sus documentos oficiales, sino del perfil, político y personal, de quienes los dirigen. Por eso este Congreso del PP, como el anterior y el anterior, tenían un casi único centro de interés: el de saber por donde podría ir en el futuro lo que, impropiamente, se ha dado en llamar la sucesión de Manuel Fraga. Como ni este Congreso del PP, ni en ninguno de los que lo han precedido hasta la fecha, se ha discutido una sola palabra del asunto, todas esas reuniones, por descentradas, han carecido en absolutode interés. ¿Por qué no hablar de lo que a tanta gente le preocupa? La respuesta del Presidente de la Xunta da a entender que con ese silencio trata el PP de proteger al sucesor. Fraga cita a Napoleón en cuanto alguien insiste en meter el dedo ¿o la nariz¿ en el tema sucesorio: «Mire joven, ya decía Bonaparte que lo primero que ha de enseñarse a un artillero es que lo que no se ve no puede ser batido a cañonazos». Si no hay sucesor, no habrá forma de que nadie le dé caña. Es esta, no lo dudo, una forma de explicar el empecinamiento en el silencio sobre la cosa sucesoria. Pero, desde luego, no es la única. No señor: cabe pensar ¿queriendo ser sólo un poco mal pensados¿ que a quien se quiere proteger con tal silencio no es al sucesor, sino ¿me permitirán decirlo así¿ al sucedido. Sí, sí, al sucedido propiamente dicho, cuyo poder depende únicamente de que siga siendo presidente y cuya autoridad se esfumaría ¿como el agua en un cedazo¿ en cuanto dentro del PP se conociera el nombre del que fuera a ser patrón en lugar de quien lo es hoy. Quizá ¿sólo quizá¿ por eso hablan tanto en el PP de la constante G: porque nadie se atreve siquiera a mencionar el factor F.