Hoy, que vuelven a ser noticia los concejales socialistas de Euskadi, os quiero contar una historia. En un pueblo vasco, uno de esos hombres, además de concejal, es empleado del Ayuntamiento. Un empleado sumamente modesto, porque se dedica a labores de limpieza. Un barrendero. No conozco su nombre, ni lo necesito conocer. Sólo sé que es socialista. Se afilió al Partido Socialista de Euskadi por convicción ideológica. Es un hombre de izquierdas, que cree en la justicia social y sueña con vivir en un país sin desigualdades. Su trabajo ordinario es arriesgado. El más arriesgado de todos. No se puede tener un trabajo con más peligro para su vida en un territorio poblado de asesinos. En la calle puede ser blanco fácil de cualquier pistolero. Le puede agredir cualquier chico de la gasolina , que diría el señor Arzalluz. Y cualquier paquete de basura puede contener una bomba. Como no tiene voluntad de abandonar la concejalía, porque piensa que no es suya, sino de quienes le han votado, un día decidió aceptar escolta. Y ésta es la escena que se contempla a diario: el concejal limpiador cumple su trabajo. Casi pegado a él, otro hombre cuida su vida. Ese segundo hombre lleva una mochila; siempre la misma mochila. Contiene un inhibidor de frecuencias para evitar un atentado a distancia. Por el momento, lo han evitado. Sólo os quiero contar esta historia. Me ha impresionado, aunque estoy convencido de que no es la única. La mayor parte de los concejales no nacionalistas viven y trabajan en esas condiciones. Y siguen en sus puestos. Y los socialistas asisten a reuniones en las casas del pueblo. Y sufren la presión de sus familias, que les piden que abandonen, que les suplican que dejen la política, que les recuerdan que ellos no son mártires de nada. Me he preguntado muchas veces qué será para ellos esa libertad que otros disfrutamos. Me he preguntado de qué pasta están hechos para seguir ahí, por la pura defensa de una idea. Me he preguntado si hay algo peor que los riesgos que soportan. Y me han respondido: «Sí, hay algo peor; cuando una voz anónima te dice al teléfono que conoce la ruta escolar de tus hijos».