ENRIQUE CURIEL
15 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Al fin, la ONU, sale de su letargo mientras el mundo padece una de las crisis políticas y militares más intensas de las últimas décadas. Hemos tenido que contemplar espeluznantes escenas en Palestina que, en algunos momentos, recuerdan a las vividas en los campos de concentración nazis, para que el Consejo de Seguridad se pronuncie a través de la resolución 1.397 a favor de «la visión de una región en la cual dos estados, Israel y Palestina, vivan juntos dentro de fronteras reconocidas y seguras», y exija, también, «el inmediato cese de todos los actos de violencia». Una pregunta surge rápida: si los diferentes gobiernos de Tel Aviv no han cumplido jamás ninguna de las resoluciones de Naciones Unidas, ¿por qué hemos de suponer que ahora será diferente?, ¿qué ha ocurrido con las célebres resoluciones 242 y 338, que han pasado al museo de asuntos inservibles de la ONU?, ¿ y el plan Mitchell? La única explicación plausible para explicar este cambio repentino reside en la inflexión producida en la Administración Bush. La ocupación militar de Ramala por los carros de combate de Sharon, el centenar de muertos palestinos en menos de una semana, el bombardeo de la población civil en los campamentos de refugiados efectuado por los cazabombarderos F-16 vendidos por Washington, y la macabra práctica de marcar con números en los antebrazos a los jóvenes varones palestinos comprendidos entre 14 y 50 años, recordaba en demasía el horror del ghetto de Varsovia y los padecimientos de los judíos. La opinión pública mundial, los gobiernos europeos y la sociedad israelí, carecían de capacidad para asumir tranquilamente el lento genocidio que inaugura el nuevo siglo. Pero no participo de la forzada alegría de muchos observadores. «Mejor esto que nada», me dirán. Y es verdad, lo que no significa que nos encontremos ante el principio del fin de la guerra. Lo cierto es que nada se mueve en Israel y en las Naciones Unidas sin el visto bueno de Washington. Nosotros mismos, la sociedad internacional y los gobiernos, hemos provocado el desvanecimiento de la ONU. Hemos callado cuando la Casa Blanca, esta Administración y las anteriores, decidían intervenciones militares al margen de la legalidad internacional por resultar engorrosa y molesta. La modificación del Tratado de la OTAN, aprobado por la unanimidad de sus miembros con motivo del 50 aniversario de su nacimiento, legaliza la autonomía de la organización para intervenir donde lo desee y cuando lo desee al margen de la ONU. Los pocos que nos opusimos fuimos catalogados de «reaccionarios» al no comprender la modernidad . Ahora pagamos las consecuencias, y el inminente ataque a Irak por parte de EE UU nos colocará al borde del abismo. Si Bush ha intervenido en Palestina, ahora, es para calmar la aguas antes de la cumbre de los países árabes que se celebrará en Beirut dentro de unos días. Ojalá me equivoque.