14 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.
El último gran negocio es el de las llamadas a los concursos de televisión. La facturación se dispara no tanto por los premios -más bien cutres- como por el reclamo. Elegir al representante en Eurovisión, por ejemplo. Nada que objetar, salvo que se confirmase la sospecha de que hay tráfico ilegal con los datos de los concursantes. ¿Nueva piratería?