LA MOVIDA

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

11 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En un país como el nuestro, donde gobiernan los periódicos en vez de hacerlo los políticos, existe una fuerte tendencia a la respuesta refleja, que tanto sirve para definir los problemas como para solucionarlos. Se habla de mujeres maltratadas, y aparece Bono con su picota mediática. Se queman tres autobuses, y se reforma la ley antiterrorista. Se sale un cura del armario y se pide la revisión del Concordato. Y se habla del botellón, que es la moda, y todos prohíben que los niños beban en la calle. El problema es tan grande que, además de favorecer la tendencia a la política sintomática, que mata la fiebre e ignora sus causas, está provocando una curiosa manera de legislar, que hace las normas con remiendos de colores, como los trajes de los payasos, que entretienen mucho a la concurrencia, pero que no afrontan en serio las cuestiones sociales. La movida, por ejemplo, es un problema viejo, que se alentó y jaleó desde las instituciones públicas y privadas, hasta convertirla en un signo de modernidad y libertad. Y así creció una importante industria que se basa en la necesidad de romper los horarios, acotar y abusar de los espacios públicos, alterar la vida laboral y social y hacer cualquier cosa (la más inocente es beber) hasta que llegan las siete de la mañana. Y todo se hizo, no nos engañemos, con la ayuda de la policía municipal, de los inspectores de espectáculos, de los padres y profesores y de los medios de comunicación, que, al menos en este punto, hemos reído las gracias de Tierno Galván y comentado con admiración aquellas cosas que sucedían en Vigo. Y ahí está el resultado, sin que nadie quiera hablar del fondo del asunto. Nadie piensa que la calle debe usarse de otra manera, ni que la industria hotelera debe de vivir al ritmo de la ciudad. Lo que se quiere es que los jóvenes sigan saliendo a las dos de la mañana, que se aglomeren en las plazas hasta las cuatro, y que se vayan a bailar como zombies hasta las siete, ¡pero que no beban!. Por eso lo prohíben. Igual que la Ley Seca prohibió el whisky, e igual que está prohibido mear en las aceras, vender droga, cantar de noche a grito pelado, poner música a tope en los pubs y llegar bostezando a la clase del viernes. ¡Todo lo que sucede en mi calle durante el fin de semana! ¿Y qué les va a hacer a los infractores? ¿Fusilarlos? ¿Meterlos en un penal? ¿Llamar a su papá? Nada de nada. Porque los políticos sólo están aguantando hasta que los periódicos cambiemos de tema. Después todo quedará igual, mientras Bono, Rajoy y Gallardón reforman otras leyes e inventan otras sanciones. Todo, menos educar a la gente, tomar medidas impopulares y hacer cumplir las leyes que están vigentes desde hace un siglo.