CIUDAD E INMIGRACIÓN

La Voz

OPINIÓN

XERARDO ESTÉVEZ

10 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El tema de la inmigración salta a los medios de comunicación, cada vez con mayor frecuencia, con tintes tan polémicos como interesantes. Vaya por delante mi posición favorable al mestizaje, a la multiculturalidad; no la de compartimentos estancos (ellos en sus barrios y mezquitas y nosotros en nuestros centros comerciales y pubs), sino la que parte de la complejidad de la convivencia y que supone dos pasos de aproximación recíproca. El paso de los inmigrantes siempre será más importante y difícil; el nuestro tiene que tener un recorrido para buscar un punto de encuentro en la convivencia. Creo, no obstante, que a veces el enfoque de la situación se distorsiona por cuestiones anecdóticas. El problema no es lo que cada uno se ponga en la cabeza; si la monja lleva toca, no pasa nada porque la alumna lleve hiyab. Cada uno es libre de cubrirse como quiera y, por supuesto, la libertad de conciencia es mucho más que eso. La clave está en reconocer por ambas partes el estatuto que la democracia le otorga al ciudadano, con sus obligaciones y sus derechos. La religión no puede ser, una vez más, materia de conflicto. Vayamos, por lo tanto, a lo concreto. Va a ser en la ciudad donde realmente se puede plantear la convivencia y sus dificultades, sobre todo, pienso, en el acceso y la calidad de la vivienda y en el uso del espacio público, más incluso que en el mercado laboral. Las ciudades que tienen grandes contingentes de inmigración han implantado observatorios urbanos desde los que la génesis del problema se ha podido diagnosticar de forma esclarecedora. Los principales conflictos se dan en los guetos. Por ello hay que impedir a toda costa cualquier forma de exclusión o explotación. Algunas comunidades inmigrantes son caldo de cultivo de mafias dedicadas a la explotación de trabajadores, otras veces son propietarios autóctonos quienes alquilan pisos en condiciones inadmisibles, pero tampoco se puede aceptar que haya inmigrantes que jueguen a la autoexclusión adoptando formas de vida marginales porque «les sale a cuenta» Oferta necesaria Como cualquier ciudadano, el inmigrante demanda vivienda, y la administración local y autonómica y la naciente administración metropolitana tienen que hacer todo lo posible para que pueda acceder a ella. El incremento de la población hará necesario poner en el mercado un tipo de vivienda de alquiler más asequible, ya sea construyendo o bien reparando inmuebles desocupados y en mal estado. Aunque en España tenemos ejemplos soberbios de ciudades nacidas de la confluencia de culturas, no se trata de orientalizar nuestras ciudades para que los inmigrantes se sientan como en casa. Pero sí se debe huir de la imposición acrítica de un modelo determinado de ciudad y de vivienda. Es un nuevo campo de trabajo para los ayuntamientos y las autonomías que no se puede dejar pendiente esperando a ver qué pasa.