EL FUTURO DEL BNG

La Voz

OPINIÓN

ANXO GUERREIRO

13 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En el plazo de dos meses, el BNG se enfrenta al congreso más trascendental desde su fundación en 1982. En los prolegómenos de esa asamblea se ha desatado una aguda polémica, cuyo final es difícil de pronosticar. Las presiones ejercidas sobre Beiras, las funciones de la figura del portavoz nacional, la posible bicefalia o la candidatura a la presidencia de la Xunta en el 2005, son los temas que ocupan el centro de la confrontación. El debate político, si existe, sobre las causas del retroceso electoral y las propuestas para superarlo, no logra hacerse un hueco en el escenario de la controversia. Sin embargo, una crisis como la que vive el BNG sólo se entiende en base a relevantes diferencias políticas, tanto sobre la etiología de la misma como sobre los proyectos de futuro. Resulta, pues, imprescindible que esas diferencias se hagan explícitas para que la opinión pública pueda conocerlas a través de un debate transparente, que no excluye la síntesis final. Solo así evitará el Bloque que se desvirtúe su asamblea, y solo de esta forma logrará que el debate organizativo, también importante, sea un producto natural, un epifenómeno comprensible, del proceso político. De lo contrario, inevitablemente el BNG proyectará la imagen de que su debate se reduce a una mera lucha por el poder, a una confrontación entre intereses personales o corporativos en pugna por la influencia y el control de la organización. En los últimos 15 años el BNG experimentó un crecimiento sin precedentes en la política gallega, que culminó en las elecciones del 97, en las que consigue, por primera vez, el liderazgo de la oposición. Todo ello fue posible gracias a una situación favorable, una estrategia política, una organización dinámica y un liderazgo meritorio. Pero aquello, que fue útil para desarrollarse en la oposición, se reveló claramente insuficiente para configurar al Bloque como alternativa. El retroceso en las últimas elecciones no puede atribuirse únicamente a la discutible postura del PSdeG, sino que tiene relación con las indefiniciones, lo que limita seriamente su credibilidad como alternativa de gobierno. El BNG debe reconocer que se cerró una etapa en la vida política gallega y en la de su organización, y asumir que el impulso de su asamblea constituyente se ha agotado, lo cual plantea la necesaria reformulación del proyecto político, como condición inevitable, para que el nacionalismo pueda renovar su impulso político. La formulación de un modelo económico que mantenga la coherencia entre objetivos e instrumentos, la definición de un proyecto de autogobierno y su relación precisa con el Estatuto y la Constitución, el modelo de Estado, el proyecto europeo o las alianzas políticas, son otras tantas cuestiones que el BNG deberá clarificar, si aspira a ser o a participar en una alternativa al gobierno del país. Ocultar o relegar estos problemas tras la cortina de humo de una polémica exclusivamente organizativista, o sobre el papel de determinadas personas, no conducirá más que al agravamiento de la crisis. De cómo resuelva el nacionalismo este debate dependerá su futuro. La asamblea decidirá si quiere convertir al BNG en un partido de gobierno o si se resigna a que sea simplemente una fuerza política influyente.