IGNACIO RAMONET
12 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La Habana, una vez más, está de fiesta. Se celebra aquí, hasta el 17 de febrero, la Feria Internacional del Libro bajo el espléndido lema Leer es crecer. Este año se esperan cerca de un millón de visitantes. En este país, cuya población -caso único en el Tercer Mundo- está enteramente alfabetizada, la feria atrae a los habaneros. Vienen en familia y en masa a pesar del calor ya considerable. Cada vez el evento está dedicado a un autor y a un país. Este año, a Miguel Barnet y a Francia. Barnet es un escritor y antropólogo cubano, autor de textos decisivos escritos a partir de testimonios de gente común. Sus obras más célebres son Cimarrón, recuerdos del último esclavo negro de Cuba, y Gallego, testimonio capital sobre la emigración gallega a la isla. Libro éste que todo gallego debería leer para saber exactamente lo que fue, más allá del mito, la emigración... A la ceremonia de inauguración asiste Fidel. Canta Compay Segundo (94 años) y le recuerda al comandante que la primera vez que cantó delante de él, «aunque usted no se recuerda», era cuando Castro tenía quince o dieciséis años y estaba en un colegio de Santiago de Cuba... Fidel le dice que se acuerda muy bien. Y los dos, quizá las dos personalidades cubanas más conocidas hoy en el mundo, se abrazan delante de decenas de fotógrafos. Fidel dice anuncia que la feria se extenderá este año a 19 ciudades de todo el país. Y que se van a poner a disposición del público, a precios muy bajos, más de cinco millones de libros... También anuncia la creación de una colección popular de libros clásicos. Cuba quiere recuperar el tiempo perdido. Este país que había tenido una formidable política editorial, vio su industria del libro fuertemente afectada por la crisis de principios de los años 90, después de la desaparición de la Unión Soviética. De allí venía el papel. En estos últimos diez años, muy pocos libros se editaron. Hasta los periódicos tuvieron que reducir drásticamente su paginación y su formato. Hoy día, gracias a la espectacular recuperación económica del país, se relanza la política del libro. Y como siempre se le da la prioridad a los niños. Una editorial francesa ha tenido la buena idea de poner en venta Astérix, el Galo. El primer día se vendieron más de tres mil ejemplares... Y toda la edición de quince mil se ha agotado. Normal. ¿En qué otro país puede comprerse mejor la metáfora de esa pequeña aldea gala que resiste sola contra el poderoso Imperio romano? Quizá porque también él toma alguna poción mágica, Fidel, el Astérix cubano, está, a sus 74 años, en perfecta forma, incansable. Agota al joven equipo de asesores que le rodea. Me pregunta por Porto Alegre. Quiere saberlo todo, los temas en debate, los seminarios, los participantes, las perspectivas... Expresa su admiración por el movimiento anti-globalización: «Se ha levantado una nueva generación de rebeldes -me dice-, muchos de ellos norteamericanos. Que utilizan formas nuevas, métodos distintos de protestar. Y que están haciendo temblar a los amos del mundo. Las ideas son más importantes que las armas. Menos la violencia, todos los argumentos deben emplearse para enfrentar la globalización». Está con él el premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, antiguo vicepresidente del Banco Mundial, del cual dimitió para denunciar el escándalo de las políticas neoliberales, y que se ha convertido en uno de los iconos del movimiento anti-globalización. Fidel me lo presenta: «Es economista y norteamericano, pero es lo más radical que he visto jamás. A su lado, tú y yo somos unos moderados». Stiglitz no ha podido venir a Porto Alegre y está en Cuba para participar en el Encuentro de los economistas contra la globalización. Un foro que se celebra por cuarta vez y que cobra una importancia capital (además de Stiglitz participan otros dos Nobel) a la hora de elaborar propuestas y alternativas para una verdadera economía del desarrollo diferente del dogma neoliberal. Feria del libro y foro de los economistas no son más que dos de los acontecimientos (se celebra al mismo tiempo, como homenaje al centenario de Rafael Alberti, un encuentro internacional de poesía con presencia de centenares de poetas venidos de todo el mundo...) que constantemente tienen lugar en esta bella Habana, cada vez más indispensable, más bella y más libre.