DEL ENTROIDO

La Voz

OPINIÓN

RAMÓN PERNAS NORDÉS Carnem vale

08 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

, adiós a la carne, pórtico de la Cuaresma que antaño, cuando los mozos y mozas de mi generación hoy como ayer, nos examinábamos de dos reválidas, siempre derrotaba a don Carnal. Mardi Gras francés y americano, jovedi i de Nápoles, antruejo del buscón don Pablos, entroido popular del país gallego. Hacemos de estos días algarabía, festa rachada en aldeas y ciudades, rescatamos tradiciones y trasgredimos y trasmutamos la axfisiante cotidianeidad. Las personas se convierten en personajes, las mujeres se visten de hombres y los hombres se disfrazan de mujeres. Detrás de la máscara se ocultan las pasiones, y por la calle, por rúas y corredoiras bajan los pantallas, los cigarrons, los peliqueiros en una lección anual de antropología para turistas y fotógrafos. Martes de carnaval, martes lardeiro, fiesta nacional popular gallega, restaurada oficialmente con la democracia novicia, fiesta oficiosa decretada por concellos y municipalidades. Fiesta y festín, loor y gloria al padre cerdo, país del grelo y de lacón vísperas de la abstinencia antigua, cachucha, oreja y rabo como un alfa y omega totémico. Por A Coruña un choqueiro hace choqueiradas porque es entroido. Jueves de comadres, corre el gallo por las aldeas de Pontevedra y un loro gigante recorre las calles principales proclamando el carnaval. Sus ritos y sus canciones, su liviana prohibición en el franquismo cuando las carnestolendas eran también una forma civil de resistencia. Carnaval ariete frente a la intolerancia y la hipocresía, subversión de todos los lenguajes con la gula y la lujuria como bandera. Y el colofón de una sardina que cada año resucita después de enterrarla, después de oficiar el rito báquico la muy noble cofradía, el cortejo grotesco que rinde culto a una muerte apócrifa. Después, según dictaba el calendario llegaba implacable la Cuaresma. Cuarenta días de preparación para la jornada del Viernes Santo, cinco semanas con un día para la abstinencia de la carne en la dieta de un país de ayunos. Carnem vale, adiós a la carne como quien renuncia a un paisaje. Del entroido y otras memorias civiles, oasis que parte en dos el invierno , que nos recuerda la alegría de vivir y nos devuelve la fiesta como gozo, la sátira popular como argumento y la canción, las canciones en una tesis incuestionable. Es la imagen de la cara más amable de un país que frunce el ceño con demasiada frecuencia.