DESDE BIRMINGHAM

La Voz

OPINIÓN

JOSÉ LUIS MEILÁN GIL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE A CORUÑA TRIBUNA

08 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Felipe Armesto se nos fue en el día de la Candelaria. Las gentes del campo lo toman como referencia para predecir el curso del invierno que resta. Se juntan tradiciones populares y cultas en el refranero y en las composiciones poéticas y musicales. No hace mucho se escuchó aquí el Ich habe genuch de Juan Sebastián Bach. Es suficiente, tengo bastante vida detrás de mí, pudo decir. Tanta que no cabe en este recuerdo. No sé si debería conformarlo como una carta, contestando a las que nos escribió durante muchos años, más que a lectores habituales de diarios, a ciudadanos. Como tal tengo una deuda, todavía mayor si se le añade el afecto y la hospitalidad. La felicitación en las fiestas de Navidad fue un recordatorio de la visita que, al final, quedó pendiente. Se nos va el tiempo por los mil agujeros de nuestros afanes cotidianos. Varios y ricos afluentes, en la evocación manriqueña, confluyeron en el río de su vida. No es cuestión de avivar sentimientos. Él mismo en su conversación -lo oral me pareció siempre que influía e incluso dominaba en el escrito- se paseaba señorialmente por diferentes épocas y paisajes y situaciones. También él era una síntesis de ellas. Y tan auténtico en Berlín, Londres, Nueva York o Bonn, como en Xanceda. El título de esta carta responde a un comentario suyo muy característico, entre la cordialidad y el humor. Cuando me embarqué en la aventura de la Universidad de A Coruña, al tiempo que me deseaba suerte, añadía socarronamente no entender como me trasladaba desde Compostela a Birmingham, adonde acudió en numerosas ocasiones mostrando su amistad. A ello correspondo tomando a préstamo nuestra Voz de Galicia. Se fue apagando la candela, como el orballo cae sobre la tierra que amó viajero y en la que se enraizó definitivamente.