VIRIATO
21 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Estamos asistiendo en los últimos tiempos a la degradación del periodismo como mero ejercicio de presión para medrar, extorsionar o conseguir parcelas de poder personal. Cada vez queda más lejos el sometimiento a las normas éticas que siempre han regido este oficio menestral y con las que se garantiza una actuación correcta en beneficio de la sociedad, impidiendo que se otorgue al periodista patente de corso para mentir o manipular la realidad. El mal llamado periodismo de investigación (¿es qué acaso todo el periodismo no es indagación y comprobación?) se ha convertido en tráfico de dossieres para ajuste de cuentas. Los últimos días han sido pródigos en esto que digo. Lo ha sido la caza al presidente de Telefónica decidida por el señor de los anillos, despechado por la compra de Onda Cero por Antena 3. Una operación que alejaba sus vanos intentos de quedarse por el gratis total con la cadena de emisoras de radio propiedad de Admira y que engordaría el multimedia que con tanta insensatez le ha ido dando el Partido Popular. Lo que critica con encono a Prisa lo ha obtenido sin mérito empresarial y con otras poderosas razones. Otro ejemplo está siendo la intensificación en las últimas horas del acoso y derribo a Nicolás Redondo, dimitido secretario general del Partido Socialista de Euskadi. La partitura de este alancear mediático-político del líder socialista vasco se escribió con mentiras la misma noche electoral de las elecciones vascas y desde entonces la pinza política de los que quieren a toda costa ser lacayos de los nacionalistas y el grupo periodístico que les apoya aprietan el dogal a quien en el País Vasco pone por delante del hacer política el primero y más importante de vivir en libertad. Yo también estoy con Nicolás.