LA OFERTA

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO

11 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El presidente José María Aznar desveló en su comparecencia en la televisión pública, algunos lo han llamado discurso, su interés porque la coalición catalana Convergencia i Unió participe en el Gobierno de España. Allí mismo ratificó una tercera oferta, pese a la mayoría absoluta de la que dispone y que, evidentemente, le libera de este tipo de propuestas y compromisos. La actitud de Aznar para con los catalanes no puede entenderse como un nuevo rumbo en su política de relación con los nacionalistas. Porque tras plantear la oferta, inmediatamente, insistió en las críticas a los vascos a los que, una vez más, acusó de apostar por la confrontación. A Aznar le repelen los nacionalismos. Por mucho que trate de disimularlo. Es cuestión de talante. Lo importante no es plantearle un acuerdo de gobierno a CiU. La asignatura pendiente, y de difícil aprobación, es entenderse con los nacionalistas en general. Escucharlos y respetarlos. Con los vascos y con los gallegos. Lo difícil es entender que no son enemigos de la democracia. Pero esto es imposible, porque lo que Aznar pretende no es colaboración sino sumisión y docilidad. Lo que busca es que los nacionalistas asuman sus ideas y hasta su propio programa. Puede parecer que el presidente español, y en estos momentos europeo, ha abierto una nueva senda en sus relaciones con las comunidades. Pero no es cierto. Ha realizado, únicamente, una acción de márketing. Acertada, pero una propuesta vana. Sabe que los catalanes no van a escuchar su llamada, quizás tampoco lo desea, porque no quieren autoinmolarse. Y que lo decisivo es entenderse con todos los nacionalismos pese a lo complicado que resulta, la mayor parte de las veces, soportar juegos dialécticos malabares de algunos de sus líderes. Quien dice apostar por una Europa «cada vez más integrada, sólida y coherente», tiene que empezar por llevarlo a la práctica en su propia casa. Entonces comenzaremos a creerlo.