REDONDO Y LOS OTROS

La Voz

OPINIÓN

ALFONSO DE LA VEGA GARITA DE HERBEIRA

10 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En un anterior artículo decía que ahora se utiliza el término patriotismo constitucional para referirse a las razones de la sociedad abierta frente a la tradición tribal. Reflejo de ésta son actitudes tales como la insolencia y bravuconería mantenida en la negociación para renovar el concierto económico vasco, con que sin ningún pudor se denigran sendos principios constitucionales como el de la redistribución solidaria entre regiones o la igualdad de todos los españoles ante la ley. De un Arzalluz en la tradición golpista de Arana o Tejero cabe esperar cualquier cosa, pero lo que cuesta trabajo creer, por muy nacionalista vasco que se sea, es que un personaje tan escolástico y ridículo escarnezca la legalidad en la que se basa su propia autoridad institucional. Así, sólo los nacionalistas parecen poder disfrutar de los derechos civiles en un territorio donde hay dos grupos: nacionalistas y víctimas. En el actual paraíso nacionalista vasco, los afiliados socialistas de base no se atreven a cargar en su cuenta corriente las cuotas de afiliación al partido o a generar correspondencia con el membrete del partido por miedo a engrosar la lista de los eliminables o los exiliados. Una parte importante de la directiva del PSOE (ya medio desmantelado con tanta franquicia autonómica) que opera allí, la que pudiéramos llamar colaboracionista, parece que prefiere ejercer cargos con los nacionalistas a los peligrosos rigores del patriotismo constitucional. Creíamos que los socialistas habían hecho propósito de enmienda y comprendido a dónde les llevaba su anterior sumisión al PNV. Pero no. Si consiguen acabar con la obra de un hombre honrado como Nicolás Redondo y colaboran en el deterioro de la España constitucional apoyando las felonías sabinianas de sus antípodas ideológicos, tendrán que abandonar su pretensión de ser patriotas constitucionales. Triste final para el partido de Prieto y Zugazagoitia. Aunque Ajuria Enea bien valga una misa, debe ser que La Moncloa no vale nada.