EL PSE Y EL DOMINÓ VASCO

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

25 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La editorial Tusquets acaba de publicar un libro de Ignacio Sánchez Cuenca (ETA contra el Estado. Las estrategias del terrorismo) que constituye una brújula fiable para moverse en la procelosa política de Euskadi. Su tesis central podría resumirse como sigue: ETA es un actor racional, que ha utilizado los medios que ha juzgado necesarios para alcanzar sus objetivos: imponer la independencia por las armas. Para ello intentó primero forzar una negociación con el Estado; su fracaso la llevó después a ensayar otra estrategia, la de Lizarra, consistente en lograr la confluencia del nacionalismo vasco -violento y no violento- en torno a la reivindicación soberanista. Según Sánchez Cuenca, el fracaso final de esa estrategia exigiría que el PNV se enfrentase a ETA sin cuartel, lo que dejaría a los terroristas sin política. De lo que se trataría, en una palabra, no es de convencer a ETA, mediante concesiones, de que debe desistir, sino de derrotarla, dejándola de una vez sin estrategia. Así, si el PNV clausurase en firme la vía de Lizarra -una vez cerrada por el pacto antiterrorista del PSOE y el PP la de cualquier negociación con el Estado- sería posible que ETA optase, con el mismo criterio racional que ha guiado sus despiadadas acciones criminales, por refugiarse en la única salida que ya le quedaría: la de intentar pactar su disolución, negociando paz por presos. Aceptando que Sánchez Cuenca está en lo cierto, nada de lo que sucede en Euskadi debería juzgarse al margen de ese dominó de estrategias enlazadas, donde todos los movimientos de todos los actores se relacionan entre sí. Tampoco, claro, la actual crisis del PSE. Y es que, al margen de los personalismos subyacentes, lo que de verdad divide al PSE es la relación a mantener con el nacionalismo moderado: mientras Elorza y los demás adversarios de Redondo defienden la urgente recomposición de la confluencia PNV-socialistas, el dimitido secretario sostiene que la misma debe pasar por una renuncia expresa del PNV al soberanismo, es decir, a la estrategia de Lizarra, única que podría hacer que aquél triunfase. No es difícil concluir, a partir de ahí, quién se sitúa en el camino más correcto para derrotar al terrorismo: pues si de lo que se trata es de dejar a ETA sin estrategia, y si para ello hay que forzar al PNV a eliminar del horizonte toda ilusión soberanista, parece que el objetivo prioritario que debería perseguir el PSE es el de ayudar al PNV a volver al pacto democrático. Lo que exige que sea ahora el PNV quien se mueva. Acercarse a él sin nada a cambio, como pretende Elorza, sería la mejor forma de facilitar al PNV, y por tanto a ETA, continuar en donde están.