ECONOMISTA VENEZOLANO, PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD ANDRÉS BELLO DE CARACASTRIBUNA
19 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Mientras el Paro Cívico Democrático convocado por los empresarios (Fedecámaras), con el apoyo de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), logra en forma casi total su propósito de suspender las actividades del sector privado venezolano durante la jornada laboral del lunes 10 de diciembre, el presidente Chávez, con evidente rabia, continúa usando términos de descalificación contra estos organismos, afirma que jamás se sentará en una mesa de diálogo y asegura que con más razón promulgará las cuestionadas leyes que fueron aprobadas sin consultas. Estos eventos, los cuales auguran un clima de tensión política y social, son acompañados por las oscuras expectativas económicas de Venezuela para el año 2002. Cabe preguntarse cuál es el verdadero propósito del Gobierno de Chávez. Si la razón de las 47 leyes que van a ser aprobadas dentro de la autorización especial concedida al presidente por la Ley Habilitante era promover un marco legal para la reactivación de la economía y crear un ambiente de confianza que alentase las inversiones, ha ocurrido exactamente lo contrario. Con la situación actual no sólo se ve imposible un diálogo para las reformas, sino que parece que Chávez tiene en mente un esquema social y económico en el cual nadie sino él, los sectores más pobres donde todavía goza de apoyo y la Fuerza Armada Nacional cuentan para su visión sobre el desarrollo nacional. Lamentablemente, lo peor está por venir. Por una parte, el conflicto permanente de Hugo Chávez con diversos sectores parece casi inevitable que termine en una crisis de gobernabilidad. Por otra parte, la miope política económica encabezada por Jorge Giordani ya da muestras de agotamiento. Hubo que llegar al extremo de elaborar y aprobar un Presupuesto para el 2002 que es imposible de ejecutar por falta de recursos, de tener una economía real en franco deterioro y de defender a ultranza una moneda sobrevaluada que fomenta la masiva salida de capitales, dispara las tasas de interés y aumenta el enorme desempleo abierto y el empleo informal de supervivencia. Este contexto es agravado por el escenario petrolero. La aguda caída en el precio del petróleo, las restricciones de la OPEP sobre la producción petrolera y las nuevas inversiones, y la asfixia financiera a la que es sometida la empresa estatal PDVSA para financiar la enorme brecha fiscal, contribuyen a crear un panorama muy difícil para la economía -y, por tanto, para la población- venezolana durante el 2002. Hugo Chávez parece no saber lo que hace. Eso es al menos lo que preferimos pensar.