RINCÓN DEL VIENTO
19 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Concluye agónicamente, nunca mejor dicho, el conflicto de Afganistán, pero se extiende ya al Yemen y es imprevisible hasta dónde más. Quién duda que la razón ampara la persecución de la barbarie. Pero, castigada ésta, habría que empezar a recomponer los países asolados, para que la imposición de nuestra verdad no generase nuevos deseos de venganza. Alguien dijo -creo que atinadamente- que no somos sino un montón de libros y lecturas, desde la Biblia hasta los Hermanos Karamazov. Con los años y con tanto detrás, abundan las ocasiones en que la verdad y la razón se nos escapan como el agua entre los dedos. De ahí nuestra incomodidad ante la conquista de la libertad duradera por medio de la violencia liberadora. Henri Bergson, que vivió casi un siglo, tuvo tiempo sobrado para meditar sobre el tiempo, el dolor y la risa. Quizá por ello, en la última etapa de su vida, no hablaba con casi nadie, sólo con aquellos a los que creía poder ayudar en algo. Y se justificaba de forma muy expresiva: después de tantos años en busca de la verdad, llegué a la conclusión de que mejor habríamos hecho todos en ejercer la bondad. Sin embargo, la bondad, ¿otro ingenuo absoluto?