MANUEL ALCÁNTARA
14 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El vídeo donde Bin Laden explica lo que él llama operación de martirio le ha robado cámara a un suceso capital: el abandono por parte de Estados Unidos del Tratado de Desarme. El arrumbamiento, con el rechazo de Putin, del Tratado de Desarme ARM sellado con la URSS en 1972. Fue Richard Nixon, que tenía cara de estar inflando un globo a todas horas, el que firmó con la antigua Unión Soviética el acuerdo sobre antimisiles balísticos y el mundo entero creyó que era posible la paz entre los hombres de buena voluntad. Un error. No es que sobren armas: es que faltan hombres de buena voluntad. Ahora Bush, que tiene cara de estar siempre en el primer tiempo del estornudo, abre de par en par la puerta de la guerra de las galaxias. El equilibrio estratégico, basado en el temor a una destrucción mutua, se ha ido al garete. Si las fuerzas no son aproximadamente iguales, los polvorines nucleares no pueden disuadir porque ya se sabe quién va a ganar. El ser humano nunca le ha dicho adiós a las armas, sino hasta pronto. Cuando Jean Cocteau veía jugar a los niños por las aceras de París les decía: «Hola, muertecitos de la próxima guerra».